11 agosto, 2020

LAS BRUJAS DUERMEN DURANTE EL DÍA

 Por Gabriela Itabily Herrera Hernández


Ramón: Todos dicen en la colonia, que la señora Ofelia es una bruja. Que se roba a los niños y se los come.

Paco: ¿Entonces si es una bruja por qué tiene hijos? Estás loco.

Mario: Sí es cierto. Es una bruja. Yo la vi que sale por la tarde y dice mi mamá que en la mañana

 cuando va por la leche, regresa a su casa.

Ramón: Y siempre va vestida de negro y lleva una bolsa negra y dicen que ahí lleva a los niños que se 

robó para comérselos.

Paco: Pues yo no les creo nada.

Paco regresó a su casa y su mamá le dijo:

-¿Paco, dónde estabas? Te he dicho que no estés tanto tiempo en la calle con tus amigos. Necesito que mañana te portes bien, porque en la tarde tengo que salir y le pedí de favor a la señora Ofelia que te cuidara.

Paco: ¡No! ¡¿Por qué?! No me dejes con la bruja. Me va a comer. No quiero ir.

Mamá de Paco: No discutas más y vete a dormir. Mañana te vas a quedar con ella.

Paco: ¿Pero por qué?

Mamá de Paco: Porque soy tu madre y yo lo digo.

Paco no pudo dormir toda la noche pensando que Mario y Ramón tenían razón: que la señora Ofelia, sí 

era una bruja. Porque las brujas duermen en el día y por eso no salen de su casa hasta la noche.


Al día siguiente, Paco estaba muy nervioso: no quería quedarse con la señora Ofelia. Saliendo de la 

escuela, su mamá pasó por él y le recordó que tenía que portarse bien y ser amable porque ella no 

podía  estar con él  en la tarde, y que pasaría por él, ya entrada la noche. Y entonces Paco se preguntó:

- ¿Pero si es una bruja, no tendría que estar dormida a esta hora? Se supone que las brujas duermen todo

 el día.

Paco y su mamá llegaron a la casa de la señora Ofelia. Su mamá tocó la puerta. Y, ¡oh, sorpresa! La 

persona que abrió fue la bruja: ella se veía desaliñada y cansada. Le sonrió a Paco y le dijo que pasara. 

Su mamá se despidió y le dio las gracias a la señora Ofelia. Paco, asustado, trató de esconderse dentro 

de la casa.

Señora Ofelia (la bruja): ¿Paco, dónde estás? Ven a la cocina. ¿No tienes hambre? No tengas miedo. No

te voy a hacer daño. Preparé sopa.

Paco escondido en el baño, tenía mucho miedo, pero también mucha hambre. Tanta, que decidió salir 

sigilosamente del baño  hacia la cocina. Donde la bruja, la señora Ofelia, lo estaba esperando sentada en

la mesa. Paco se sorprendió al ver que la señora Ofelia lo esperaba con un rico plato de comida. 

Entonces preguntó:

- ¿Si me acerco no me va a comer?

Ella comenzó a reír y le preguntó:

- ¿Por qué dices eso? ¿Cómo crees? Ni que fuera caníbal.

Paco le contestó que todos los niños de la colonia decían que ella era una bruja y que comía niños. Y 

que todos decían que era cierto porque dormía de día, y en las noches salía. Ella comenzó a reír 

nuevamente y le contestó:

- Es cierto que duermo en el día, pero sólo un rato. Y es porque yo trabajo en la noche, en una fábrica.

 Y lo que hacemos es tan importante que no se puede dejar de trabajar. Por eso hay gente que trabaja en

la noche.

Paco no lo podía creer y le preguntó:

- Si es cierto, ¿entonces por qué siempre viste de negro y lleva una bolsa negra donde dicen que echa a los niños?

A lo que ella contestó:

- Es porque ese es mi color favorito y me gusta vestirlo. Y en la bolsa llevo el uniforme de mi trabajo. 

Y como son muchas cosas, por eso se ve grande.

Así pues, Paco se hizo amigo de la bruja y descubrió porqué duerme durante el día.

EL ENTIERRO DE UNA CARTERA

Por Luis Ángel Marbán Escamilla

Víctor era un hombre jovial, soñador y extrovertido. Su cartera, su fiel compañera. Ésta la había acompañado en las buenas y en las no tan buenas. Sí, quizás para muchos una cartera sea un objeto para llevar el dinero, o un simple tarjetero, pero para Víctor tenía un valor especial. En ella tenía recuerdos muy preciados, como la primera carta de su esposa, la hoja de maple de su estancia en Canadá, una foto con su madre cuando era pequeño y el boleto del cine del estreno de su película favorita. 

Víctor por las noches, acostumbraba admirar las estrellas, pensando que algún día volaría hacia a ellas. Por eso, un día planeó un viaje a campo abierto, para poder admirarlas de cerca. Entonces, alumbrado por la luz de la luna, subió una montaña con el deseo de capturar la mejor fotografía que iría directo hacia su cartera. Estando en la cúspide, pudo contemplar la belleza, el brillo y la inmensidad del universo. Pero al descender, escuchó un enorme estruendo detrás de él, pues se avecinaba una enorme avalancha. Víctor corrió con todas sus fuerzas, pero sin darse cuenta se le cayó su amada cartera. Cuando llegó a un lugar seguro, se dio cuenta de la ausencia de su fiel compañera. 

Al otro día, desesperado y triste regresó a buscarla con pala, pico y casco en la cabeza. Sin embargo, lo único que encontró fue una montaña de piedras y tierra. Víctor se quedó asombrado de lo que estaba viendo y se sintió muy afortunado de no estar muerto. Pues, aunque su cartera quedó enterrada con los recuerdos más preciados e importantes de toda su vida, se dio cuenta que tiene una vida y un futuro, que le traerá nuevas y quizás mejores experiencias. 



LAS BRUJAS DUERMEN DURANTE EL DÍA

Por Perla Dalila 

Luz, Monse y Gema, son tres chicas con espíritu decidido, capaces de seguir su intuición sin remordimientos, de plantearse sus propias reglas y de confrontar los patrones sociales. Sus ancestras les heredaron el poder de indignación y de resistencia. 

Luz ama la fotografía, disfruta una taza de mate, el olor de las plantas medicinales y la textura y colorido de los bordados indígenas; generalmente ella se permite el goce del placer que le brindan sus sentidos. Monse, expresa toda su esencia a través de la música, cuando su voz y sus manos se encuentran frente a las teclas de algún instrumento, estas simplemente hacen magia. Gema, es una joven apasionada de la pintura, cuando tiene un pincel en la mano, suele crear mundos paralelos que le permiten comprender su entorno, es la pintura un refugio para reencontrarse y reconocerse en su comunidad. 

Aunque son muy jóvenes, debido a que desde niñas han buscado rescatar los conocimientos de sus abuelas, madres, tías y hermanas, poseen una gran sabiduría. Para su grupo de amigos, unos cuantos, el conocimiento que ellas poseen resulta un tanto difícil de comprender, ya que su misticidad les permite ver cosas que los demás no observan, y por ello les admiran. Pero quienes no las conocen las tachan de raras, especímenes raros, les dicen: “brujas”. 

Ellas tienen un amplio conocimiento de la naturaleza, el arte que ellas practican les permite descubrirse a sí mismas: su cuerpo, sus emociones, sus placeres, su ciclicidad y en cada oportunidad buscan invitar a las demás personas para que se adentren en sí mismos. Las tres creen que en la medida de que te conoces pueden permitirte conocer al otro o a la otra. 

Luz siempre lleva consigo su cámara fotográfica y suele tomar fotos de las personas mirando, piensa que los ojos son la mirada del alma, por eso, solo después de fotografiar y hace una valoración de lo que observó, se permite romper el hielo y entablar una conversación. Pero está práctica no hace sentir cómodas a las personas; por ello, los demás tratan de evitarla, pues aunque no lo hace con mala intención, no comprenden por qué lo hace y consecuentemente la aíslan. 

Algo similar sucede con Monse: ella se permite cantar y tararear todo el día y todo el tiempo. Cree que la música es sinónimo de libertad, cree que a través de ella puedes tocar lo que quieras y como quieras; empero, la gente no ve las cosas como ella las percibe. También la miran extraña, pues la música que crea no es precisamente la más conocida y por ello, creen que es anormal. 

Gema es una chica cohibida, sus experiencias con la gente la han obligado a decidir aislarse del resto del mundo, pues se siente incomprendida. Ella siempre lleva consigo un cuaderno y unos lápices de colores, es la forma en que busca interactuar con los demás. En sus dibujos todo el tiempo se puede observar un vaivén de color, pues según su estado de ánimo, expresa luz u obscuridad. 

Ninguna de ellas se conoce entre sí, pero últimamente coinciden en el estado de ánimo, han sido demasiadas las burlas que han recibido por su forma de ser y los estigmas de los que son objeto resultan muy hirientes. Son diferentes al resto de las personas, solo por la forma en que se comunican con los demás, pero tanto desprecio, las ha lastimado y cansado. 

Ser llamadas brujas, les ha adjudicado mala fama, por el estigma que tiene esta palabra, pues las vislumbran como mujeres locas y malas, pese a que su único objetivo es compartir con los demás aquellos saberes que heredaron de sus ancestras, con la única intención de compartir y generar un ambiente de amor por el otro, por la otra. 

Por ello, Luz, Monse y Gema, en sus respectivos espacios han decidido reservar todo aquel conocimiento que poseen, para sí mismas. El misticismo de sus fotos, canciones y cuadros, será reservado a la obscuridad de la noche, donde nadie que no esté dispuesto a conocer una pequeña parte de ello se burle de su arte. Sí, ellas son brujas, porque son mujeres sabias, auténticas y poderosas. 

El sentimiento de desesperanza obliga a estas Brujas a cuidar a su alma mística durante el día, hasta que observen una señal que les advierta que la sociedad en la que viven esta dispuesta a escuchar, a ver más allá de una imagen de fotografía, de comprender lo que las notas de una canción dicen y de percibir las emociones que hay detrás de una pintura. 

Luz, Monse y Gema, no dejarán de ser como son, pero lo reservan a la obscuridad de la noche, durante el día, guardarán a su bruja interna; no pierden la esperanza de despertar, pero no estamos listos para esta conversación, por eso hoy, las brujas duermen durante el día. 



LAS BRUJAS DUERMEN DURANTE EL DÍA

Por Frida Zamora


Laura era la más grande de trece hermanos, vivía con ellos y sus sobrinos en una hermosa mansión que sus padres le habían heredado y aunque la casa pertenecía a todos, la responsabilidad de cuidarla y repararla recaía en ella.

Todos parecían estar en paz con la forma en que se organizaban, pero un día el esposo de Laura, un hombre solitario y de negocios tuvo un accidente en un viaje y tras varios meses de recuperación logró volver a casa. Había sufrido graves lesiones en toda la mitad del cuerpo y ya no era el mismo. 

Una mañana, Laura encontró que su marido había asesinado a sus dos hijos y se había suicidado. Después de esto, Laura comenzó a ser hostil, grosera y cruel con todos los que vivían en la mansión: ponía estrictas reglas a cada miembro y les negaba el uso de los baños y la cocina; entraba a los cuartos y revolvía todo; incluso por las noches se paseaba por los pasillos asegurándose de que nadie se encontrara fuera de su cama. De ser así, los llevaba a tirones a su cuarto y los encerraba con llave por una semana.

Sus hermanos llegaron al colmo de la indignación y fueron yéndose de aquella hermosa casa de cien habitaciones, dejando con el tiempo a Laura sola con su dolor. Esta soledad parecía no afectarle pues seguía recorriendo los pasillos en busca de alguien a quien fastidiar. Era evidente que no encontraba a nadie y aun así pasaba en vela revisando cada rincón.

Conforme pasaban los años se hizo costumbre este deambular nocturno que la dejaba tan agotada y pasaba el resto del día durmiendo y de noche sufriendo. Sus familiares y las generaciones subsecuentes se referían a ella como una bruja a la cual habían abandonado y el olvido se encargaría de que aquella pobre mujer durmiera durante el día por la eternidad y que por la noche recordase a sus hijos caminando en oscuros y viejos pasillos que con el polvo borraban su dolor.