06 octubre, 2021

Autobiografía XXI / Segunda mitad de la carrera

 Por Rosario

XXI

Gracias al servicio social adquirí experiencia en materia de lo familiar, pero también aprendí a desenvolverme en el litigio y a relacionarme un poco con otras personas, además de que ya tenía algunas amigas.

Como casi siempre, al menos durante la época de la universidad, tenía la necesidad de buscar empleo nuevamente, pero no sabía muy bien por dónde comenzar. Así que opté por tomar un número de una publicación que encontré en la facultad, de un despacho que estaba en Coyoacán y me quedaba cerca de la escuela.

Al llamar me dieron cita para la entrevista y la dirección completa. La abogada que me entrevistó me explicó que el despacho se dedicaba a materia fiscal y que buscaban a un pasante para ir a Tribunal fiscal entre otras cosas, que ya hubiera hecho el servicio social.

De esa manera cumplía con el perfil deseado y me integré el lunes siguiente, yo no conocía nada del tema, pero en el camino fui aprendiendo gracias a la chica que me capacitó y también por algunas clases de la escuela, en realidad no amaba la materia, pero era experiencia y paga al mismo tiempo.

Unos meses después buscaron otro pasante porque la que me había capacitado se iba a hacer el servicio social, ese era el lugar perfecto para Nievat y en efecto, se integró sin mayor problema rápidamente. Otra vez pasábamos todo el día juntas, el trabajo, la escuela, las fiestas, yo era muy feliz con eso, me encantaba su compañía y me ayudaba a pensar, a ver muchas cosas desde otra perspectiva, además de que mis habilidades sociales no eran las mejores, pero las suyas sí y eso me facilitaba cosas en la escuela y el trabajo.

Rápidamente y sin darme cuenta, los semestres seguían avanzando, logré pasar los extraordinarios de materias que debía de primer y segundo semestre. Incluso perdí el miedo de hacer esos exámenes y como ya había reprobado otras materias, también las aprobé por ese medio. Mis créditos subían y mi promedio, lentamente, pero también lo hacía.

En el transcurso de la preespecialidad tomé materias del área civil porque me gustaban mucho y otras del área fiscal, para entender mejor el trabajo. Las clases se hacían cada vez más prácticas y en general, amenas. Ya conocía a más personas de la facultad. Aunque seguían siendo pocos, ya no era un hongo. Adquirí mucha facilidad para tomar siestas en la biblioteca; también allí iba a estudiar antes de los exámenes y aprendí a esconder los libros que ocupaba, cuando no podía renovar el préstamo. También usaba mucho el centro de cómputo para hacer trabajos y sacar impresiones.

No recuerdo exactamente en qué momento, pero también conocí a Lucy: era muy risueña y nos hicimos amigas. Hubo una etapa en la que éramos muy unidas, incluso cuando me quedé sin celular, ella me regaló uno que ya no usaba. La bocina no servía y cuando te llamaban tenías que gritar para que te escucharan. ¡Eso era muy bochornoso! Pero los mensajes sí eran cómodamente enviados y ya había manera de comunicarse conmigo.

En la clase de derecho municipal conocí a otra amiga: Nallely Elizabeth. Era muy seria en las clases, pero tenía un humor negro y casualmente nos llevamos muy bien cuando tuvimos que hacer un trabajo en equipo juntas. Incluso tuve oportunidad de conocer a su familia. Su mamá siempre fue sumamente amable conmigo y en algunas ocasiones después de las fiestas, me quedé en su casa.

Yo no tenía computadora en casa, ni Internet, pero era necesario para hacer tareas y trabajos en equipo. Así que me propuse cambiar eso para dejar de hacer las tareas en casa de alguien más o en el centro de cómputo. Me costó unos meses ahorrar lo necesario. Al final le pedí mil pesos prestados a mi papá y Angela, mi amiga del CCH, me ayudó a elegirla en la Plaza de la Computación. Regresé feliz con mi compra: era una mini laptop rosa con blanco, bastante fácil de llevar a la facultad. Pasó poco tiempo para contratar internet, ya que un primo de papá habló con él sobre la importancia de ese servicio en la escuela, así que hice el contrato en TELMEX y poco después lo instalaron. El acuerdo al que llegamos era que yo pagaría el costo del Internet y papá la línea de teléfono convencional. Ese fue un pequeño gran logro para mí.

Hubo una etapa en la que me iba a bailar con Lucy y Nievat, a veces nos encontrábamos a otros conocidos y se armaban las parejas. Generalmente nadie era del estilo de embriagarse, ni de gastar demasiado en las salidas, las tres íbamos limitadas casi siempre, así que buscábamos los lugares baratos y a nuestro antojo. Todavía en esa etapa me reunía con algunos amigos del CCH, incluso nos reuníamos en FES Aragón o en FES Zaragoza para irnos de fiesta juntos. En algunas ocasiones llevé conmigo a Nievat y Lucy. Eran buenos momentos, vínculos pasados y nuevos compartiendo espacios.


De una u otra manera se acercó la fecha de graduación de los que sí saldrían a tiempo. Empezaron las campañas para elegir fiesta, los paquetes de fotografías, las prefiestas de cada comité organizador y esas eran las oportunidades perfectas y al alcance de la mano para salir a bailar cada viernes, por una razón que no entiendo bien, en esos momentos me uní mucho más con Nallely Elizabeth. Me quedaba de paso su casa para regresar de la facultad, solo que ella sí vivía en la ciudad. Nievy casi no iba de fiesta y Lucy estaba en otro canal.

Autobiografía XX / Servicio social

Por Rosario

XX

En este capítulo quiero retomar una etapa muy importante de mi carrera, ya que hasta el día de hoy el servicio social marcó un momento importante en mi vida y me dejó amistades que todavía perduran a mi lado.

En aquellos años me encontraba desempleada. Acudí a varias entrevistas, pero entre la competitividad del mercado y mi poca experiencia, no lograba colocarme en ninguna parte. Fue precisamente por la posibilidad de adquirir experiencia desde cero, que decidí iniciar los trámites para realizar el servicio social dentro del bufete jurídico de la facultad y el otro plus. era que no pedían un número mínimo de créditos cursados. Además, tampoco era necesario invertir en el pasaje del servicio a la escuela. Debido a la materia, aquí la duración del programa era de siete meses en lugar de seis, como regularmente se estilaba en el resto de dependencias; lo cual en ese momento no me importaba, ni me parecía que fuera demasiado.

Debo confesar que no conocía a nadie en ese lugar, solo tenía el antecedente que me había contado Laura, la chica que me recomendó ese lugar. Así que el primer día traté de llegar a tiempo y me dispuse a comenzar. No sabía nada, así que solo llevaba muchas ganas de aprender y los nervios a flor de piel por lo que pudiera ocurrir en este nuevo inicio.

Primero me presentaron a todos los compañeros: la secretaría del bufete (mamá Lucy), la titular (Lic. Paty) y a mi entonces jefe, quien me dejaría a cargo de sus expedientes una vez concluido su periodo allí,. Se llamaba Toño y parecía que sabía mucho. Una de las lecciones iniciales consistió en explicarme la etapa procesal de cada asunto; después a realizar la revisión del boletín judicial, que es una especie de periódico en el que publican cada avance importante en los juicios; a continuación siguió el conocer juzgados y aprender a moverme como pez en el agua allí; a entender la juerga de los abogados en esa área, cómo tratar y relacionarme con todos los servidores públicos del lugar.

A la par de esos conocimientos, la convivencia diaria con los compañeros era divertida; muchos se conocían desde antes y eran amigos. Otros éramos nuevos, pero a la mayoría nos integraban y en general, el ambiente era muy cordial. Incluso a veces salíamos juntos a comer o a tomar alguna cerveza.

Poco tiempo después se integró Nievat al equipo. Así me sentía mucho más acompañada y cómoda, éramos como pan con mantequilla: pasábamos tiempo juntas en el servicio y en las clases, íbamos a las salidas que se organizaban, además cualquier pretexto era bueno para hacer convivios en el bufete o para ir a divertirnos. Allí conocimos a Lupita, Lau, Cecy y Gris, éramos casi de la misma generación. Compartíamos gustos y formas de divertirnos, así que nos hicimos amigas y formamos un grupo sólido que se mantiene todavía unido.

La Lic. Paty era muy amable, pero al mismo tiempo firme y nos daba toda la confianza del mundo para llevar cada uno de nuestros asuntos solos; supervisaba algunas cosas, pero no hacía nada por nosotros: nos alentaba a resolver y hacer las cosas por nuestra propia cuenta. ¡Ufff! Qué difícil es encontrar ese apoyo en los inicios de la vida laboral.

Mamá Lucy era la mediadora entre la Lic. Paty y nosotros en cuestiones como: firmas, llegadas tardes y permisos; también nos defendía cuando algún consultante nos trataba mal y en general cuidaba mucho de nosotros. Eso lo amaba profundamente, me hacía sentir como en casa y muy cómoda.

Como en otros momentos de la vida, yo tenía que ver la manera de conseguir dinero para poder pagar la escuela, mis gastos personales y las salidas con mis amigos, de esa manera solo tenía la opción de trabajar los fines de semana y así lo hice cuando me integré a Bariloche.