Por Mario Antonio
Hace días envié una carta a mi querido amigo Felipe Carrasco Martínez, donde le cuento una de mis tantas anécdotas con infantes, específicamente al lado de mi pequeña hermana. Aún recuerdo las palabras de mi epístola.
7 de enero del 2020
Un saludo desde la Ciudad de México, mi estimado amigo Felipe Carrasco Martínez:
Hoy deseo contarte en mis palabras, una historia entretenida y algo chusca que he vivido con mi hermana de 4 años (conoces el carácter preguntón de los infantes).
El día de ayer se la pasó preguntándome por algo que había visualizado en el cielo. Ella decía que era una moto y no paraba de comentarlo. Minutos después, mi otra hermana en tono de broma le mencionó que ese vehículo debía ser el de una bruja y en su sensibilidad infantil se asustó y comenzó a lagrimear. Traté de consolarla y para ello aproveché la fecha: primero le expliqué que eran los Reyes Magos y no le gustó mucho. Me vi obligado a cambiar lo dicho y lo único que pensé, fue decirle que esa moto, ¡era el trineo de Santa Claus!.
Tal parece que le agradó más esa explicación y así su llanto paró.
Aquí acaba mi historia, querido amigo. Hasta la próxima.
