05 junio, 2021

Autobiografía IX / Vida Ceceachera

 Por Rosario

IX

Me sentí muy feliz cuando descubrí, gracias a la gaceta de papel que compré aquel día, que me había quedado en el “CCH” (Colegio de Ciencias y Humanidades). Me invadió una gran emoción y también un poco de miedo porque quedarme era una cosa, pero salir bien librada de eso, era otra cosa.

Al igual que muchas otras cosas en mi vida, la elección de esa escuela la hice yo misma. Y también por mi cuenta descubrí cómo llegar. En ese proceso mi papá y mis hermanas fueron solo espectadores, pues yo sola decidí la manera en que haría todo.

De una manera muy extraña, ahora que lo pienso, para este momento todavía seguía con el novio de la secundaria. Irma ya era mamá y Cris estaba por concluir la preparatoria. Mi papá estaba feliz con su hijo menor y con su esposa. Y yo solo sabía que me gustaba la escuela y que quería seguir estudiando.

Los primeros semestres del ceceache no fueron fáciles, había que levantarse muy temprano para llegar a tiempo. Los primeros días me perdía en la escuela con solo ir al baño. Además el nivel académico de varios compañeros era muy sobresaliente y eso me abrumaba, pues en ese momento tenía la idea de que todo era una competencia y yo quería ganar. Para colmo en las clases de física y matemáticas no entendía casi nada, así que solo trataba de asistir, hacer tareas y preguntarle a los que sí sabían del tema.

Otro punto delicado es que sentía que no encajaba con nadie, como siempre. Había distintos grupos: los deportistas, los guapos y fresas, los listos y matados, los fiesteros y vale madres… Yo solo me la pasaba observando a mi alrededor en silencio, rogando al cielo para que esto acabara pronto.

Justo al terminar la secundaria, durante las vacaciones conseguí mi primer trabajo: iba a limpiar la casa de una familia bastante cochina, pero me pagaban y eso era lo importante. Por eso cuando entré a la escuela no quise dejar el trabajo, así que iba los días que salía temprano de clases y los sábados, cuando era posible.

Autobiografía VIII / Descubriendo talentos

 Por Rosario

VIII

En medio de todo eso, la profesora de Historia de la Secundaria me invitaba a todos los eventos de oratoria y también a los de declamación. Ella se hacía cargo personalmente de prepararme para cada evento y me hacía practicar frente a mis compañeros de clase. Todo eso me ayudó demasiado, pues por un lado superé el pánico escénico y por el otro lado, me ayudó a descubrir actividades que no conocía, pero que me encantaron y que me generaban gran orgullo, así como adrenalina.


En esa escuela se realizaban actividades extraclase de todo tipo: deportes, danza, música, oratoria, declamación, teatro, ajedrez, torneos de matemáticas. Los profesores procuraban enseñarnos alguna de ellas y a los que nos gustaba, dedicamos gran parte del tiempo a eso.

En mi caso tuve la oportunidad de participar en la redacción de poemas y artículos pequeños para la gaceta escolar; también en algunas presentaciones a nivel estatal, tanto en declamación como en oratoria. Más tarde el profesor de matemáticas me invitó a participar en concursos de la materia, solo que acudí pocas veces, en realidad no era algo que disfrutara a plenitud.

Estaba terminando el primer grado de Secundaria cuando comencé a investigar la manera en la que funcionaba el examen de selección, las escuelas de ese nivel y todo lo que podía sobre el tema. Así que luego de acudir a los concursos de matemáticas y sentir solo dolores de cabeza mientras hacía los exámenes correspondientes, entendí y decidí que no podía ni quería dedicarme a nada que tuviera relación con las ciencias exactas. Lo cual significó un paso importante, pues al menos ya sabía lo que no me gustaba.

Durante el último grado de secundaria, tuve la oportunidad de participar también en un par de obras de teatro escolares y de seguir en la oratoria, pero esta vez bajo la tutela de otro profesor. Uno muy relajado y joven, que también me ayudó mucho y me dio grandes enseñanzas de vida. En esa época fue el examen de selección. Afortunadamente en ese tiempo no pedían tantos aciertos como ahora, por lo que me quedé en mi primera opción.

Autobiografía VII / Retomando el ritmo

 Por Rosario

VII

Por aquellos años Irma y yo peleábamos demasiado, por mi parte estaba en un punto en el que no tenía la menor intención de ceder o tolerar conductas que me parecían injustas o que me molestaban. Y ella, como toda la vida, estaba dispuesta a discutir por todo. Fueron momentos muy complicados, porque las peleas eran agobiantes, al tiempo que necesitaba hacer escuchar mi voz a los adultos.

En esa época, Cris tuvo la oportunidad de estudiar la preparatoria. Lo cual significó para ella un gran reto, pues había que estudiar y trabajar, además de retomar una actividad que nunca se le facilitó y que llevaba años sin realizar. Ante esas condiciones, tomé la batuta de sus lecciones: le ayudaba con todo lo que podía, compartimos tips y estrategias de estudio, así como apuntes y notas, todo lo que estaba a mi alcance para apoyarla y lograr que no perdiera la motivación.

Recuerdo esa época con gran cariño, pues fueron etapas en las que podía hablar de mil temas con Cris. Éramos un poco intelectuales a veces, le contaba sobre mis sueños e ilusiones. Además nos unimos mucho, éramos grandes cómplices la una de la otra, teníamos secretos solo para nosotras y desarrollamos la manera ideal de comunicarnos sin que los demás pudieran entenderlo.