01 junio, 2021

Autobiografía XI / Secundaria

Por Estela

XI

Recuerdo que el primer día pedí ayuda para ponerme la falda ya que era un trozo de tela larga que se sujetaba con 2 botones en la cintura y un seguro grande para que no se abriera, que con el tiempo perdí. Me entusiasmaba que fuera parte del "grupo A". Todos los lunes se realizaban los honores a la bandera. Las primeras veces que entonamos el himno del Estado de México, yo aplicaba la técnica de mover la boca sin emitir ningún sonido.

Ya había hecho amistades cuando la maldición del "grupo B" fue por mí y me arrastró consigo. No me interesaba hacer amigos en mi nuevo grupo, además todas las niñas me daban la impresión de ser superficiales. Y yo ya tenía a mis amigos: Lupita, Vanessa y Rosendo, con quienes me juntaba en el receso. Un día Vanessa me presentó a Marcos, quien según ella, tenía muchas ganas de conocerme.

Marcos era un chico de 3° año: alto, de tez blanca, ojos claros. No era muy guapo pero era simpático y muy ocurrente. Hablamos en el receso y en la salida. En él vi otro pretexto para no llegar a tiempo a la casa. Así que decidí acompañarlo mientras esperaba su camión. Luego descubrí que si caminábamos me tomaría más tiempo. Un camino que comúnmente se recorre en 15 minutos, a nosotros nos tomaba 30 o más.

Era normal que mientras caminábamos nos encontráramos a algunos maestros o a la director. De vez en cuando le llamaban la atención por ser ya tarde y aún no irse a su casa. Después de unos meses, me pidió que fuera su novia. Yo acepté, pero entonces se sintió con el derecho de querer cambiarme mi esencia diciendo que me arreglará más o que cuidara de no ensuciarme con comida o lodo y que recogiera todo mi cabello en una coleta. Yo me rehusaba. Incluso una tarde que fuimos al cine, él llegó con camisa y jeans y yo me fui en pijama. Creo que para hacerlo enojar.

Pero lo que hizo desilusionarme de él, fue el día que se refirió a mi padre como alguien sucio. En ese momento terminamos y no quise saber más de él. A menudo me mandaba mensajes con Vanessa, pero nunca recibió contestación y le hizo creer a todos que yo era la mala de la historia, haciendo que Vanessa se alejara de mi o yo de ella.

El mudarnos nuevamente de casa me hizo bien: así no me lo encontraría en el camino o en la casa de mi tía Lourdes.

Autobiografía X / La casa de mi tía Lourdes

Por Estela

X

A los 12 años, nos fuimos a vivir a Atlacomulco, Edo Mex. Esta vez se unía a nosotros un primo: Manuel. Era un año más chico que yo, huérfano y ya había recorrido las diferentes familias de mis tíos maternos. Así que podría decirse que era el turno de mi mamá.

Llegamos en el mes de agosto a la casa de mi tía Lourdes, media hermana de mi padre. Nos había preparado un espacio dentro de su local (que ya no operaba o lo hacía de vez en cuando). Una cama y un sillón era nuestro espacio; también una cortina para tapar nuestra intimidad. El techo era de lámina y cuando calentaba recio el sol, aquel lugar era un horno. La única ventilación era la puerta trasera del local, que daba a donde estaban los animales: un toro y un perro. Lo que hacía que el aire que entraba, también traía el olor de sus desechos. El baño que nos correspondía era una letrina en un espacio minúsculo y con una cobija de puerta.

Mi tía ya había hecho el trámite de inscribirme a la secundaria que estaba enfrente de su casa; una de sus hijas de empleó a mi mamá para su tienda; mi papá se había quedado en el Ajusco; mi hermana iría al Conalep de Atlacomulco y Manuel acudiría a la primaria también cerca de la casa.

Dicen que el muerto y el arrimado, al tercer día apesta. Nosotros apestábamos y más que el aire contaminado que entraba al cuarto. Nosotros no podíamos bañarnos en la regadera que ellos usaban; la comida, la preparaba mi tía pero sólo teníamos derecho a una ración y no había carne roja para nosotros. Recuerdo que una semana comimos un caldo de pollo, al que se le reventó la hiel. Nuestro trabajo en su milpa era el doble del tiempo que ellos la trabajaban y además no era remunerado, porque según era nuestra obligación. La secundaria se volvió un refugio. Yo podía permanecer ahí, hasta que llegara por mí, mi mamá o mi hermana.

Autobiografía IX / ¿La has visto?

Por Estela

IX

El segundo sábado de abril del 2008 llovió desde la tarde hasta la noche. Papá fue el último en llegar. Su ropa y zapatos se habían manchado de lodo; los dejó afuera de la casa, se cambió de inmediato y cenamos. De fondo, estaba el programa "Vidas engarzadas", que contaba la vida del cantante Sergio Gómez. Nos fuimos a dormir y aún continuaba el programa. Mamá ya se había dormido, cuando se escuchó el ruido de una piedra que tocó y resbaló por el techo. Cabe mencionar que este ruido lo hacían las visitas y familiares para anunciarse, pues el timbre de la puerta estaba retirado y no se escuchaba.

Papá fue al llamado y regresó agitado, despertó a mi mamá y dijo que era mi primo Noe buscando a su mamá, mi tía Lucila. Mamá contestó - “Quizá está con Chabe”. Con esa esperanza nos dormimos.

La mañana del domingo, no me acuerdo cómo nos dimos cuenta que mi tía estaba desaparecida. Mis tíos de Hidalgo llegaron ese domingo y todo el día la buscaron por todos lados: en su trabajo, con la gente más allegada a ella. El día lunes, Ana tenía una cita con el neurólogo, me tocó ir a la escuela y todos mis tíos, mi papá y gente cercana ya habían empezado a buscar, una vez más. En la iglesia del pueblo me encontré con Lau, y me pidió que dejáramos una vela pidiendo que la encontraran pronto. En la escuela no tenía ánimos para casi nada. Al salir de la escuela me fui a mi casa. Ahí había mucha gente, entre ellas la señora Sara. Apenas había dejado mi mochila, cuando un señor de negro entró a la casa y me dijo con voz gruesa: -¿Qué ropa traía tu papá el sábado y ayer?- Se la enseñé: era la misma llena de lodo. La agarró y la colocó en una bolsa. Y prosiguió con un interrogatorio:

-¿A qué se dedica tu papá?, ¿A qué hora llegó el sábado y ayer?- Yo contesté a todas sus preguntas.

Mamá y Ana llegaron por la tarde, después de su cita. Habían pasado al SEMEFO y a LOCATEL a darla por desaparecida. Mi mamá apenas cruzó el umbral de la puerta cuando la imprudente señora Sara le dio la noticia con nulo tacto: habían encontrado a mi tía muerta. Mi mamá se convirtió en un mar de lágrimas. Aún no lo podía creer: el último recuerdo que tenía de mi tía, era del viernes: un día antes de su desaparición, lavando la terraza de la casa del señor Víctor.

Papá no regresó hasta el día siguiente, era sospechoso porque mi tía lo mencionaba muchas veces en su diario y por la ropa llena de lodo. La investigación se archivó porque no había pruebas. Se dice que el esposo de mi tía aventó toda su ropa a un río. Cuando se realizó la prueba de ADN para analizar unos cabellos que le encontraron en las manos a mi tía, su marido y su hijo decidieron que era hora de cambiar de look y raparse.

A la familia, nos queda la esperanza de que se haga justicia. Pero de la divina, porque la del hombre se usa para proteger solo a los que tienen más poder adquisitivo. Después de este suceso mis papás tomaron la decisión de irnos a Atlacomulco, Edo. Mex. No me quería ir, pero mi voz no valía.

Autobiografía VIII / Novios

 Por Estela

VIII

En la primaria era una estudiante promedio. Era la mejor haciendo amigos junto con Karla, claro. En 2° o 3° nos hicimos amigas de: Geovanny, Carlos, Fernando y Hugo. Eran de nuestro salón y jugábamos con ellos en el salón y en el recreo. Luego, nos fuimos haciendo más sociables y platicábamos con todo el salón. Creo que podría recitar los nombres de todo el grupo. El grupo B era un grupo unido, para las buenas acciones o para proteger a algún integrante y para armar un gran relajo.

En 4° año Karla y yo conocimos a Alejandro, un chico del grupo contiguo, Poseía unos ojos grandes y negros, acompañados de unas pestañas risadas y largas; también tenía un lunar cerca de sus labios gruesos. Las dos nos enamoramos de él. Buscamos asientos o lugares estratégicos para tener visión hacia su salón. Averiguamos sus apellidos y dónde vivía. Para mi sorpresa, era el vecino de mi prima Laura. Karla era más atrevida, más directa y mucho más guapa que yo, así que se hizo notar en su grupo de amigos y al poco tiempo, ya le hablaba. Yo mantenía mi distancia con ellos. Un recreo, Alejandro se paró enfrente de mí y me pidió que fuera su novia. Mi mente y mi corazón saltaban de alegría, suplicándole que dijera que sí, mientras otra parte de mí volteaba a ver la tristeza en la cara de Karla. Al final dije un “sí”, poco animoso.

Lo platiqué con Karla. Me dijo que estaba bien, pero ese día no hubo brindis con helado como siempre lo hacíamos. En la salida se fue muy rápido o yo caminaba muy lento, porque me causaba una sensación difícil de explicar. Al salir de la escuela, los ojos negros me estaban esperando con una rosa que seguro acababa de comprar. Me la obsequió y nos unimos en un abrazo De camino a casa de mi prima, yo no emití ninguna palabra, mi mente estaba en una discusión entre lo que sentía Karla y lo que sentía yo. La conversación la protagonizó Laura. Después de una semana, hice algo de lo que me arrepentí mucho: terminé con nuestra relación pensando que lo intentaría ahora con Karla, Pero no. No se lo propuso.

En 5° año a nuestro grupo se le había sumado Jocelyn, Yesenia y Marlen. Recuerdo que comparábamos nuestro desarrollo: todas menos yo, usaban corpiño y probablemente ya tenían su regla. En el último año de la primaria, Karla se hizo novia de Iván, un chico del "A" y a mí me gustaba su amigo Rubén, de cabello rizado y baja estatura. Me desilusioné rápido porque se le declaró a Yesenia. Después de un tiempo, Jocelyn se hizo novia de Iván; se suponía que era una venganza por lo que le había hecho a Karla, pero terminó enamorándose. Rubén cambió a Yesenia por Marlen y Karla le continuó insistiendo al tema con Alejandro. Un día los obligaron a darse un beso, pero él se resistía, antes de que su labios tocaran los de Karla, me vio fijamente. Me gusta pensar que se rehusaba por mí. Mi último novio de la primaria fue Marcos Alejandro. Era un chico lindo, me agradaba pero aún estaba enamorada de Rubén. Días antes de nuestra salida, teníamos una comida para toda la generación. Él me pidió que me sentara con él. Yo me negué. Así como posteriormente, también, me negué a ir con él al examen para el ingreso a la secundaria. Otro grave error.