21 abril, 2021

X / Una canción de despedida

 Por Julio

X

Tres semanas antes de la graduación de la primaria, un chavo del segundo grupo de 6º, se organizó con su clase para cantar una canción que estaba de moda a finales de los 90’s, del grupo La Onda Vaselina (hoy conocidos como OV7) llamada “Te quiero tanto”, la cual se cantaría en el último lunes cívico. También nos propuso a nuestro grupo, si queríamos cantar con ellos ese día, pero como siempre hay un “pero”, nos opusimos. El principal motivo fue que él siempre nos cayó mal porque actuaba hacia el grupo de una manera muy despectiva, o por lo menos, esa era la manera en que nosotros lo percibíamos. Al final se le dieron otros motivos por lo cual no queríamos participar con su clase (como que no nos interesaba, que era mucho trabajo, por mencionar algunos). La última vez que vi a este chavo fue en el 2018, en un antro como coordinador, en el cual me habían invitado  y a 2 de mis hermanos para ver un evento de stand up de alguien famoso.




Adolescencia / Cumpleaños feliz

III 

Ya casi casi cumplidos los 18 años tenía planeado trabajar, ser independiente. Claro, sin descuidar lo que siempre se nos inculcó: "estudiar". ¡Ah! Mis respetos para aquellas personas que estudian y trabajan al mismo tiempo. Solo le platiqué a mi mamá mis planes, pues con mi papá no lo hacía. Eso era suficiente, pues ellos se comunicaban todo y a su vez mi papá le platicaba a mi tío. 


Aún no cumplía mis planes pero como si ya lo hubiese hecho, mi tío en aquel entonces, ni siquiera mi papá, me dijo: “Estás mal. Dedícate a estudiar. Te va a gustar el dinero y vas a dejar la escuela”. Me sentí muy mal, porque no le veía nada de malo. Tampoco me podía quejar: teníamos todo, como dicen por ahí, en charola de plata.


También nos enseñaron a ahorrar. Administraba bien 20 pesos que me daban para mis pasajes; solo ocupaba cincuenta centavos para el transporte, si no mal recuerdo, de ida y otros cincuenta centavos de regreso. Claro que  esto implicaba caminar de 5 a 10 minutos. El resto lo guardaba. Con eso llegamos a comprar zapatos de la marca Andrea, algunas cosas de Tupperware y ropa, sin necesidad de pedirle dinero a mis papás, que solo nos compraban ropa en año nuevo o en nuestro cumpleaños. 


Cumplida la mayoría de edad,  mi papá (supongo que de felicidad, gusto o lo que haya sido)bebía una cerveza y me invitó un vaso. Después otro, hasta que en el tercero, ya estaba yo bien happy. Mi papá también ya estaba entonado y necio queriendo que yo siguiera bebiendo con él e insistía, pero mi mamá lo regañaba diciéndole  que ya no me sirviera otro vaso.


VI / En Ruta 100

  Por Ofelia

VI

Sobre  mi adolescencia, no hay mucho de qué hablar, pues era lo mismo de siempre: ir a la escuela y trabajar. Estaba de moda en aquel entonces las famosas tardeadas, pero  tampoco nos dejaban salir. Y a pesar de estar solas sin la supervisión de un adulto, nunca hicimos el intento de salir. Éramos bien portadas. 


No puede pasar inadvertida aquella fiesta de quince años que me organizaron en ocho días. ¡Cuando toda fiesta de quince años mínimo la planean en 6 meses! Tuve chambelanes de una chica que ocho días antes de la fiesta había cumplido  sus XV y después todo fue improvisado: brindis, vals, etc.

 

Después de esto, solo recuerdo que en el último año de prepa, tuve 2 amigas bien fiesteras que les gustaba beber alcohol y una de ellas fumaba. A pesar de ello, no me llamaba la atención fumar. Solo recuerdo unas palabras de mi padre al respecto: “Ni por curiosidad consuman drogas o vayan a fumar. Tal vez  alcohol sí, pero con moderación”. 


De cajón, los viernes eran de fiesta. Siempre me decían: “vamos un rato”. Yo me negaba, pues no era ni soy muy sociable. Y por lo que me platicaban y veía, era ir a bailar y beber, cosa que no era de mi agrado. En una ocasión me agarraron en “mis cinco minutos Milky Way”, y fui. Solo que en  esa ocasión, de transporte ocuparon los famosos Ruta 100 (ahora RTP), que en ese entonces los raptaban o pedían prestado los porros de la escuela, iban los compañeros colgados en la puerta, gritando, cantando, ¡y yo asustada! Pues era la primera vez que hacía algo fuera de lo normal. 


V / La secundaria

Por Ofelia

V

Pasé a la siguiente etapa: la secundaria. Después de tener buenas calificaciones, allí me revelé. Ya que yo quería ir a una secundaria técnica y me inscribieron en la secundaria donde iba mi prima, porque otra vez: por la falta de tiempo y como no había quien me llevara,  me inscribieron ahí para que no me fuera sola. 


Mis calificaciones fueron un desastre: de 10, 9  y 8 en la primaria, bajaron a 6 y 7,  hasta 5. Incluso mandaban llamar a mi mamá por mi comportamiento. Cosa que no sucedía en la primaria, pues allí hasta me mandaban la boleta nada más para que la firmara mi mamá. Al finalizar esta etapa,   mis calificaciones cambiaron sólo hasta  el último año de secundaria. 


En esta etapa de cambios muy drásticos, tenía un carácter horrible: era muy seria, no sonreía y en todos lados me decían: "Sonría la vida es bella". Me llegaron a decir amargada, no le tomé importancia. Tan feo era mi carácter que hacía llorar a mi mamá, a pesar de que ella mostraba ser fuerte y de ser a quien  admiro por ser  una mujer muy trabajadora, que apoyó mucho a mi papá realizando trabajo pesado, pero a nosotros también nos tocó hacer parte del trabajo.