21 diciembre, 2020

¡Pero lo que más me choca!


Anónimo

 Cada año lo mismo. ¡Cada vez, creo que es peor! Pero por que Dios, ¿por qué tanta hipocresía? Ahora resulta que todos son buenos vecinos  y buenas personas. Como si con hacer un convivio  de navidad en el edificio, ¡los fuera a expiar de todos sus pecados!

¡Pecadores!, ¡Hipócritas!. ¡Eso son todos aquí! Cómo si su despliegue de banalidad, sonrisas falsas y besos de judas los expiaran de la culpa. Las felicitaciones de doña Magda ,o mejor dicho: ¡doña gárgola!, le sirvieran de algo a alguien. ¡Como si eso le regresará el marido a Mercedes! Como si el abrazo entre Juan y Saúl borrara la traición consumada con la esposa del otro.

¡Como si los regalos de Salazar,   con el precio adjunto, no fuera moneda de cambio al soborno con los demás vecinos! 

Y ni hablar de sus estúpidas posadas.¡ Así deberían de estar unidos y al pendiente con cosas importante como cuando asaltaron a Gertrudis, o como cuando encañonaron a Manuel en la salida del edificio!

¡Hay, Dios! ¡Quítame a estos Pecadores! Y si quieren expiar, ¡que se  que se comporten como gente de bien!  

¡Por favor, Dios!


El duende y la llaves

 Regresaba de visitar a mis familiares cuando en el umbral de mi puerta busqué las llaves en mi bolsa. Entre tanta cosa que toda mujer siempre carga, no aparecían. La había dejado adentro de la bolsa, en un compartimento con cierre. Lo abrí y no estaban. ¿Ahora cómo entraré a mi casa? Saqué todo, ¡ y nada! Llamé a mis familiares para saber si las dejé en su domicilio, ¡y nada!

En fin, mi madre llegó en mi auxilio con una copia. Entré a la casa y nuevamente busqué en todos lados: no estaban. Tomé la bolsa, la vacié, la sacudí, ¡y no salió nada! Molesta, acomodé todo de nuevo, pensando que tendría que sacar otras copia. ¡Y recordé que el duende de la casa, todo movía de lugar! Molesta, le dije: "¿Ya te divertiste?  ¡Regresa las cosas a su lugar!" 5 minutos después, ¡las llaves, en la bolsa encontré!


El reencuentro

Anónimo

El día que me marché, todo fue gris. Tú llorabas y repetías: - "¿Por qué?, ¿Qué hice?

Pero no hiciste nada y yo no tuve el coraje de decir la verdad. Después de 20 años nuestras vidas han cambiado.  Quero creer que he madurado, que tengo el coraje para enfrentar mis errores. Y hoy estoy aquí, frente a ti.

 Joaquin.- ¡Sofía! ¡Tan hermosa como Siempre! No, por favor, no me cierres la puerta.

Sofía.- ¿Qué quieres aquí, después de 20 años? ¿No te bastó hacerme sufrir?

Joaquin.- Vine a decirte la verdad. Vine a pedirte perdón. ¡Nada fue tu culpa!

Sofia.- ¿Y por qué te fuiste? Teníamos una vida planeada juntos... ¡Y lo votaste todo!

Joaquín.- No tuve otra elección, en ese momento mi inmadurez, mis errores, me Alejaron. Hace 20 años un accidente nos separó, pues por mi error Juan falleció. Pedí que nadie te lo contara y lo demás... Creo que lo imaginas. Perdóname Sofía.


Como si la Virgen te habla

 Era de madrugada cuando mi mamá me levantó . Me sentía muy cansada. Tuve una semana muy pesada en la escuela. Era fin de semana, y tocaba trabajar en el negocio familiar. A lo que no quería apoyar, pues como siempre, por ser  la mayor, lo tenía que hacer. Tocó la puerta por segunda vez, pero no contesté.

-No tarda en llegar tu papá, alístate. ¡Como dicen: la tercera es la vencida!. Llamó a mi puerta y muy enojada me  dijo: ¡No te hagas el que la virgen te habla!  

¡Caray! Ante todo la responsabilidad. Me levanté y cumplí con mis obligaciones. 


Después de 20 años de no verte

Por Ofelia 

Era día de fiesta: todos apresurados, limpiando la casa, preparando la comida, los niños  corriendo. Llegó la hora de ir a misa. Todos corrían para alistarse, en eso llaman a la  puerta. ¡No lo podía creer! Nos miramos. Su forma inigualable de vestir...

Le dije: - "Carlos, ¿Cómo  has estado?

Contestó: -Bien.

Lo invité a pasar; platicamos.

- Después de tanto tiempo  extrañándote, al fin pude regresar. Terminé la escuela y comencé a trabajar. Trabajé tanto,  que compré la casa que queríamos.

No lo podía creer. Le dije:

- Nunca contestaste mis  correos.

- Comencé a trabajar muy duro... Hice una pausa, pues no podía seguir sin ti.

Quedé  muy sorprendida. "Es demasiado tarde, tengo a mi familia".

Carlos se fue muy triste.

Yo lo había dejado ahí

Por Ofelia 

Estábamos haciendo la tarea, pero nos faltaban materiales para concluir la maqueta escolar. Salimos corriendo a la papelería, mi mamá me dio $200 pesos. Llegamos a la papelería,  saqué la libreta para ver mi lista, solicité los materiales, me hicieron la cuenta. Fueron $50  pesos. Me dieron el cambio y lo guardé en la libreta.

Regresé a casa y mi mamá me pidió el  cambio. Abrí la libreta y no encontré el dinero. Sacudí la libreta y no estaban. Regresé corriendo a la papelería. Le pregunté al señor si se me habían caído, a lo que contestó: "No  ha entrado nadie". Regresé a casa. Mi mamá, necesitaba el dinero, pues tenía que ir a  comprar la despensa. Sacudió mi libreta y nada.

Al otro día que llegué a la escuela, saqué la libreta y los billetes cayeron al piso.

 


¡Pero lo que más me choca!

Por Ofelia

 Navidad se acerca,  

Pero se me salió la tuerca,  

por no querer abrir la puerta,  

pues la pandemia está cerca.  

No me gustan los regalos,  

porque son muy caros,  

prefiero no gastar,  

pues mi presente no vas a usar.  

Aunque me choca poner el árbol,

Tendré que ponerlo,

para no aburrirme; 

y pasar bien nochebuena.  

Además de estar todos juntos  

en esta epidemia no es sano. 

Prefiero no recibir visitas 

y quedarme encerrado.  

Termino el año y guardado,  

estarás para no ser enterrado,  

pues no me gusta el bacalao. 


Un reencuentro con la lejana infancia

Por Carolina

 Era un sábado por la mañana, con el frío característico de los días de invierno. Recién me levantaba, con el pesar de abandonar la calidez de mi lecho. Entonces, llamaron a la puerta, en un casi inadvertido golpe con la aldaba, como si fuese impulsado por una mano ya sin fuerza… La curiosidad de descubrir quién podía estar a esas horas en el umbral de mi morada, me impulsó a acercarme con premura, pero con sigilo.

Abrí. Una figura pequeña y un semblante marchito, endurecido por los marcados caminos dibujados en su rostro y acentuados por el gélido viento y bordeado de mechones grises, sobre una mirada de ocaso, pronunció mi nombre: Sofía. Los ojos me delataron antes que mis labios del estupor que sentí, - ¿Quién eres y cómo sabes mi nombre? –, La pregunta más obvia que sale ante una escena como aquella.

-Es difícil que me recuerdes, la última vez que te miré eras tan pequeña. Tus manitas, como las nubes del cielo, cabían entre las mías, que ahora más que antes, contienen todas las constelaciones; hoy las tuyas son grandes y ásperas, declaran tu trabajo en el campo… Y tus cabellos rubios y entrelazados como las espigas, acentúan esa mirada fiera que ha sustituido el mar de alegrías que brotaban cuando eras niña. -

Sólo había un hombre capaz de convertir la trivialidad en poesía y de mirar la belleza sobre las heridas. Y fue ahí cuando lo supe y rompí conmocionada. Aunque todo en su fachada ya había cambiado, la esencia de su alma había permanecido inmutable. Aquel hombre viejo, era mi abuelo. 



Una estampa del trasporte público

 

Por Carolina

Es la hora pico, en una gran ciudad.

Los vagones desbordan llenos de gente,

pero no todas las veces de humanidad.

Discapacitados, embarazadas y personas mayores

no siempre pueden alcanzar un lugar.

En sus asientos, las personas indiferentes,

no quieren sacrificar su comodidad.

Cómo si la Virgen les hablara

pierden la mirada a través de las ventanas o en el celular

pero siempre es más efectivo hacerse el dormido

para cerrar los ojos ante aquella realidad.

Si bien es cierto, que los largos trayectos agotan

y que el sueño real, por madrugar, nos puede tumbar

sólo te pido, querido lector,

que tomes tu sitio por encima del egoísmo,

y que los espacios reservados,

si no los necesitas, no los vayas a tomar.  



 


De convenientes olvidos, en nuevas historias

 Por Carolina

- ¡Yo lo había dejado aquí! Estoy segura… - ese pequeño aro que era promesa de la eternidad de nuestra unión y que relucía como la ilusión que habías sembrado en mis ojos. Lo había puesto como cada noche en esa pequeña caja de madera sobre el tocador, que más que resguardar alhajas, conservaba historias que habían pasado de generación en generación.

Cómo si alguien lo hubiese tomado a propósito, justo hoy que me voy a este largo viaje, a comenzar este proyecto de reedificarme de entre las cenizas en que me dejaste, para pasar a esta nueva alborada. Pareciera que es una señal divina de que debo sacarte por completo de mi vida; esa ausencia termina de desdibujar nuestra alianza matrimonial.

Pero aún me aferro a llevarlo como recuerdo de nuestros días de amor, esos que se extinguieron en las madrugadas de tedio.  Busqué por todos lados, se había esfumado… como ese juramento de fidelidad que habías quebrado. Tal vez debía ya de terminar de empacar y dejar de rebuscar entre los cajones de la casa y de la memoria eso que ya no es, ni será.  


Como si la virgen le hablara

Por Estela 

Desde que papá se fue, el semblante alegre de mamá desapareció, dejando en su lugar una mirada perdida, y lágrimas en sus mejillas. Mientras más pasaba el tiempo, la casa entera perdía su color: las rosas rojas del jardín, se tiñeron de amarillo; la alacena, donde antes había comida para un pelotón, estaba vacía; los ratones y las alimañas hicieron sus maletas y me dejaron sola. 

Las deudas aumentaron  y en su trabajo la despidieron por romper el récord en faltas. Mamá, pasaba cada vez más tiempo encerrada de su habitación. En ocasiones, se podía escuchar que hablaba sola entre sollozos. Hoy, el día parecía ir a un ritmo lento, como si predijera lo que iba a suceder. Al medio día, salí a jugar con mis vecinos, aproximadamente 20min. Me sorprendí al regresar porque todas las cosas estaban fuera de su lugar, todas, incluso mi mamá.