10 agosto, 2021

Autobiografía XX / La casa de mi tío Martín, en Tula

 Por Estela

XX

Mi mamá y mi hermana me acompañaron a la Terminal de Autobuses del Norte. Recuerdo haber preguntado por los camiones que iban a Tula, con boleto en mano, pasé mi única maleta por el filtro de seguridad. Del otro lado del vidrio me despedí; vi cómo movieron sus labios pero no escuché lo que dijeron. Me senté del lado de la ventana para ver el paisaje. Al cabo de unas horas estábamos en la terminal de Tula. Con torpeza me uní a la fila para salir del camión. En la sala de espera estaba mi tío Martín, hermano de mi papá. Nos dirigimos a la catedral donde estuvieron vendiendo globos y burbujas después de las misas del domingo. Todo el día estuve ahí.

Así fueron todos los días: desde que amanecía hasta el anochecer, en la catedral o en la plaza Constitución. La casa era tan antigua que era normal que se desprendieran cachos de los blocks de adobe. La mayor parte era ocupada por los globos y el mobiliario para preparar la mercancía. Dormíamos todos juntos en la misma recámara pero en diferentes camas. Comíamos juntos y nos bañamos todos el mismo día, con un boiler de leña.

En las primeras semanas me ocupé en buscar escuelas preparatorias pero todas empezaban hasta agosto y yo sentía que era mucho tiempo de espera. Hasta que una preparatoria privada, tenía una vertiente a mitad de ciclo escolar: eran los grupos "R". Conformados por los estudiantes reprobados. Eran listas numerosas, que nunca fueron menos de 50; era un salón muy diverso, con diferentes intereses y necesidades. Me percaté que financiar aquella educación, le costaba a mi madre turnos dobles los fines de semana y mi boleta se llenó de 10 y 9 en las materias de matemáticas, física, química, filosofía y uno que otro 8 en historia y biología. Era fácil destacar con un buen promedio donde la mayoría del salón estaba ausente o sus padres les compraban las calificaciones.

No hice amigos, no me fui de fiesta cada fin de semana. De la casa de mis tíos iba a la escuela y por las tardes, les ayudaba a vender globos. No vi pasar los 2 primeros años por estar pendiente de Malinalli; de sus pasos, de imaginar una vida juntos, lejos de todos.

Autobiografía XXXII / Elizabeth o la flor inalcanzable

 Por Juan Francisco

XXXII

Las prácticas fueron una maravillosa oportunidad para mí. Gracias a ellas me di cuenta de las capacidades y habilidades que tenía, y de las cuales no me había percatado hasta entonces. Tanto la práctica regional como la institucional representan etapas de gran crecimiento profesional y personal. Lo más significativo de ellas, más allá de lo académico, fue el hecho de haber conocido a Elizabeth. Me identifique tanto con ella que incluso llegué a caer en un abismo de incertidumbre sobre un sentir que no había conocido hasta ese momento.

Cuando conocí a Elizabeth yo mantenía una relación aborrecible y dependiente con Brisa. El sentir que existió entre Elizabeth y yo, fue un punto de inflexión sobre la más profunda naturaleza del ser humano. Esa característica ancestral que nos lleva a notar lo bello en aquellos seres con los que convivimos. Elizabeth era aquella belleza ajena y prohibida que por un tiempo desee, pero que al final se convirtió en golpe de realidad. Una realidad que se manifestó en mi falta de coraje y valor para terminar en definitiva con Brisa. Por supuesto que eso no sucedió con Elizabeth: le confesé lo que sentía por ella una tarde.

Pasaban de las cuatro de la tarde, cuando caminábamos por las unidades habitacionales de Tlatelolco. Yo seguía a Elizabeth y ella a su instinto, lo cual nos llevó a perdernos un par de veces. Sin embargo, llegamos al metro y le pedí unos minutos para hablar con ella. Y aceptó.

Para aligerar el momento ambos acordamos comer nuestros respectivos alimentos, aquellos que llevábamos en topper de formas curiosas. Sin pensarlo demasiado le dije lo que sentía por ella. Le manifesté que a lo largo de esos casi dos años que teníamos de conocernos, yo había terminado por fijarme en ella. No la consideraba más una compañera ni una amiga, sino una mujer que no podía sacarme de la cabeza. Una mujer por la que yo sentía un gran cariño.

Le aseguré que me gustaba estar con ella, que las pláticas que teníamos al salir de la práctica eran agradables y añoradas por mí. Ella sólo se limitó a mirarme en ocasiones. Masticaba y perdía la mirada en el horizonte. Me escuchaba con atención y bastante sorpresa.

Elizabeth era una chica esbelta, de mi estatura, de cabello largo y quebrado. No acostumbraba reír ni expresar sus emociones. Era sumamente buena para hablar en público aunque no le gustaba llamar demasiado la atención. Amaba salir a correr todas las noches y su pasión era el basquetbol. Destacaba sobremanera en las actividades deportivas y la caracterizaba una inocencia mezclada con un fuerte carácter.

La conocí en la práctica regional y no le presté demasiada atención al inicio. Brisa era demasiado controladora y celosa, así que no conviví mucho con mis compañeras durante esa primera fase. En la continuación de la práctica, ya sin Brisa de por medio, pude convivir más con ellas, en especial con Elizabeth. A veces la acompañaba en el metro hasta Indios Verdes, en otras ocasiones nos sentamos juntos durante las sesiones de práctica.

Su risa era como un tesoro al que pocos aspiran. Arrancarle una risa o una sonrisa era una tarea compleja. Pero al final lo logré en muchas ocasiones. Y es que ella y yo, y nuestras compañeras, vivimos diversas aventuras. Jugamos una reta de futbol en la explanada de la alcaldía Cuauhtémoc, nos perdimos en el Centro sólo para terminar comiendo unas deliciosas quesadillas a las afueras del Metro Hidalgo, pasamos una tarde en un local de comida entre risas, bromas y miradas soñadoras; ella esperando su quesadilla de champiñones y yo la mía de pollo. Elizabeth era vegetariana. Yo admiraba profundamente eso de ella.

Autobiografía XXX / Difícil dar el siguiente paso

 Por Julio

XXX

Dentro de las reglas de la universidad, si te hacía falta algún documento al momento de inscribirte como nuevo ingreso, se te permite inscribirte, pero lo debes de entregar antes de la fecha límite que la institución maneje. Otro punto del reglamento de 1er semestre es que debes de pasar el 50% + 1 de los créditos del semestre. Por ejemplo: si el 1er semestre tiene 7 materias y en total tiene 130 créditos, la mitad de esos créditos + 1 para pasar al siguiente semestre. Además, la calificación mínima de 70 de una escala del 0 al 100.

Para su servilleta y los chavos que iban conmigo en la preparatoria nos costó trabajo el ritmo de la universidad. Pero todos terminamos la universidad. Aunque en diferentes periodos, pero la terminamos.

Para pasar al 2º semestre su servilleta sufrió en el sentido académico porque no me había tocado reprobar tanto en las materias. Y para mi desgracia, me faltaba una materia para pasar, es decir, para obtener los créditos y seguir la carrera. Me desesperé, me frustré, me deprimí. Porque no quería defraudar a mi familia por no acabar una carrera y sentía que lo estaba haciendo. Al final, pasé al siguiente semestre con un total del 52% de los créditos, pero pasé de panzazo.

Autobiografía XXIX / Extracurricular

Por Julio

XXIX

En el 1er semestre tomé como actividad extracurricular, tocar la guitarra. Los chavos con los que me tocó eran con los que iba en la preparatoria. A un maestro de matemáticas no le pareció que yo entrara a esa actividad. Me hablaba mal y fue muy difícil su clase, pero la acredité al final del semestre.

Con el tiempo, durante mi estancia en la universidad me llevé bien con el maestro. Me daba muy buenos consejos. Algo duros, de la vida y como profesionista; así como no juzgar a las personas por su facha o apariencia porque te pueden sorprender. Porque esa persona puede ser un líder o jefe de una empresa o del gobierno. Fue algo triste cuando el maestro partió de este mundo.

Retomando la historia inicial, pasé la actividad extraescolar pero no se me dio mucho tocar. En cambio, mi hermano aprendió de manera autodidacta en casa, se le dio con mucha más facilidad que a su servilleta y me alegra que tenga ese talento. Por cierto, en 2º semestre me cambié de actividad extracurricular, a la de voleibol.

Autobiografía XII / Boda

 Por Ofelia 

XII
Después de haber “salido en una rifa”, comenzaron los preparativos de la boda. ¡Caray! Algo complejo, pues hay que elegir la iglesia, los padrinos; hacer listas de invitados, decidir el menú, los recuerdos, etc… Y sobre todo la presión de que todo salga bien, que no se nos pasara el mínimo detalle. No fue fácil y más porque la mayoría de las cosas estaban a mi cargo.

Claro que mi prima la mayor, con quien conviví más y su papá, de alguna forma por tener más experiencia en estos asuntos, me iban supervisando que todo estuviera en orden. La idea era hacer una pequeña celebración con la familia más cercana. Pero resulta que somos una familia algo extensa, más los amigos. Eran más de 300 personas. Y eran más mis invitados que los de mi pareja. Los de él, a duras penas llegaban a 100. Sin embargo sólo se pagaron 300 boletos.

Prácticamente se fueron algunos de mis ahorros y los de mi pareja. Mi papá y mi tío también nos apoyaron y prácticamente la familia que elegimos. Los de confianza, para padrino de pastel; de copas; de bebida, de adorno, de lazo, etc. Pues como decía mi papá: no son enchiladas. Con la posibilidad de que se presentara más gente, se contemplaron 2 mesas extras.

Llegó el día de la ceremonia. El estrés y toda la carga de trabajo que implicó preparar tremendo festejo, aunado a que trabajaba 8 horas diarias de lunes a viernes, ocasionó que casi me quedara pelona. Afortunadamente, “todo tiene solución”, decía un profesor: “Hasta la muerte: tres metros bajo tierra y asunto arreglado". Tuvieron que conseguir una trenza postiza para ponerme más cabello y que no se notara la calvicie que me había ocasionado el día que toda mujer sueña. Bueno, eso creo: casarse de blanco (claro que de haberlo sabido, me hubiera saltado esa parte). Más bien era por valores o que mis papás chapados a la antigüita, no se tenía que omitir como tal.

Afortunadamente después recuperé mi cabello. No al cien por ciento, pero la ventaja de tener el cabello medio quebrado (ni chino, ni lacio), ayuda bastante pues el hecho de que se esponje hace que se vea que tengo más cabello.