Por Mariela
Era medianoche cuando a oscuras, sentado a la mesa en completa soledad, se presentó ante mí una extraña figura que con una horrible voz proveniente del infierno me espetó:
一¿Has olvidado el trato que hicimos? Pero he venido a recordarte que me debes tu alma. Yo cumplí la promesa: asesiné a quien me pediste.
De pronto, junto con un terrible dolor, vinieron a mi mente recuerdos olvidados: un trato, la promesa de volver a ser feliz. Entonces llorando pregunté:
一¿Si has matado a quien te pedí y vienes a recoger mi alma, dime, ¿por qué no fui feliz?
La voz respondió burlona:
一Pensaste que la sangre derramada aliviaría tus penas, pero nunca la sangre ha limpiado nada. Ahora te encontrarás con la persona que mandaste matar y arderás junto a él por la eternidad.