22 junio, 2021

Autobiografía XVIII / Presentaciones y un poco más

 Por Julio César

XVIII


PRIMER DÍA DE UN NUEVO CICLO

Tenía 15 años cuando llegó el primer día de los cursos propedéuticos. Empezaron en la primera semana de septiembre, después de una larga espera (para ser exactos de un mes y medio desde que se terminó de la secundaria) y el curso tenía una duración de 1 semana. Como dato interesante, el taller de informática en la preparatoria, fue el único que escogí al llenar la solicitud de ingreso. Retomando la historia, minutos antes de ingresar a los cursos propedéuticos, me encontré a mi mejor de la secundaria: Kevin. Me comentó que habíamos quedado juntos en el mismo salón y la misma área. Su servilleta no lo sabía, así que, estuvo genial. Por consiguiente, compartiríamos el salón otros 3 años más. Además me encontré a otros cuates de la secundaria. Ellos entraron en otra área, por ejemplo, mecánica automotriz. Por cierto, nos pusimos al día después de haber terminado la secundaria.

Algo que me llamó la atención fue que uno de los cuates mencionó que escucho que su servilleta iría a la preparatoria de paga y no pensaban verme en la preparatoria a la que me inscribí. Pero ya ven me gusta dar sorpresas inesperadas. Ya lo sé, parece un chismógrafo pero, ¿qué más le podemos hacer? Hay que aprovechar el viaje. Yo digo... No sé que opine usted.


SE DICEN LAS COLONIAS  Y MOTIVOS DE INGRESO

Durante la primera semana del semestre, en una materia a la que llamaremos Psicología, la maestra pidió que cada uno se presentara y dijera porqué habíamos entrado a la escuela. Durante las presentaciones, se mencionaron las colonias en que vivíamos. Por mencionar algunas: “Yo vivo en la Independencia”; “Yo vivo en la Mangana del clavo”, “Yo vivo en las Curvas del gato”; “Yo vivo en las Rosas”, “Yo vivo en la desviación del tren”... Ahora que lo pienso, es bastante gracioso. No sé por qué no nos reímos en esos momentos para tirarnos un poco de sátira o carrilla. Eso es un gran misterio que nunca sabremos.

Retomando el tema, casi todos los compañeros mencionaron que entraron a la preparatoria como su segunda opción porque no habían entrado en la preparatoria que hubieran querido. Sin embargo otros mencionaron que fue su primera opción. Un compañero al que llamaremos Martín mencionó que venía del norte del país, digamos Sonora. Mencionó que se cambiaron por cuestiones de trabajo de los papás. Así que se pusieron a investigar las preparatorias que había y les recomendaron mucho una, en la cual entró su servilleta y sólo sacaron ficha para esa. 

Por cierto, otro compañero llamado Casimiro, mencionó que sólo iba a ingresar a una preparatoria de paga, pero la cerraron porque alguien del área administrativa se transo, se robó, se clavó el dinero (o como usted le quiera decir) y que andaban en investigaciones y otras cuestiones legales. Por consiguiente, anduvieron viendo si podía entrar a nuestra preparatoria porque las otras no les llamaban la atención. Y lo lograron. 

Una chava que provenía de Morelos, también entró a la preparatoria porque se la recomendaron y fue a la única a la que hizo examen. Otros compañeros dijeron que tenían algún familiar en el área administrativa. Un compañero mencionó que no lo aceptaban en otras preparatorias por su edad, ya que era mayor de 27 años. Y además, porque vio los planes educativos de la preparatoria y le pareció la más adecuada para lo que quería en un futuro: tener una licenciatura alguna vez. Cómo dato importante, la mayoría del salón venía de la misma secundaria técnica, pero de diferentes turnos y grupos.


JABÓN, SACATE, TOALLA Y ROCK & ROLL

El primer viernes de la semana de clases (por cierto no hubo clases), la escuela realizó un evento social como convivio para los de nuevo ingreso. Llevaron a un grupo de rock &roll originario de Morelia. Por cierto, el evento se llevó a cabo en la tarde. Para ser exactos, a las 14 horas en las instalaciones de nuestra institución educativa. Fue divertido: se realizó el famosísimo y típico trenecito, el que no puede fallar en este tipo de eventos. Su servilleta era el que iba a la cabeza, nos llevamos de manera accidental a una chava de quien sabe de qué semestre. Me arrepiento de eso. A la chava no le pasó nada, sólo fue el susto.

El clima era perfecto para dicho evento. Pero como en cualquier historia hay un “pero”, el convivio se suspendió por causas de fuerza mayor. ¿Cuáles fueron esas cuestiones? El clima. Entre las nubes se dijeron: hay que juntarnos y ponernos de color gris para mandarles un tremendo aguacerón. La mojada no faltó, pero sí hizo falta desde mi punto de vista el jabón, el zacate, la toalla, crema para el cuerpo, desodorante y ropa seca para la bañadita gratis que se dio para que el servicio estuviera completo. En conclusión, eso era diversión sana.

Autobiografía XXII / Año sabático

 Por Juan Francisco

XXII

Tras de mí dejé una carrera no deseada como contador; un intento fallido por estudiar Derecho en la UNAM y una frustración lacerante por no ingresar a la licenciatura en Psicología en el IPN. Un fracaso y después otro. Me decidí a esperar un año para volver a entrar a la UNAM, a la carrera de Psicología. Mientras tanto, hice todo lo posible para entrar a trabajar en el INEGI. Casi lo logré. Un documento faltante relacionado con el SAT me negó esa oportunidad. Meses después entré a la SEP para participar en la aplicación de las pruebas ENLACE.

Cuando terminé con esos meses de trabajo, me llevé una buena suma de dinero que me animó a comprar ropa en la Lagunilla. Ese empleo también me permitió conocer un poco más de cerca las prácticas oscuras y desagradables de la burocracia y de las instituciones de gobierno.

Mi labor en el proyecto ENLACE era la aplicación de la prueba para evaluar a los profesores y estudiantes de nivel básico. En las primarias y secundarias no hubo mayor problema. La aplicación aconteció sin mayores complicaciones. Sin embargo, en la aplicación a profesores de primaria y secundaria las cosas fueron distintas. Le apliqué la prueba a más de cincuenta profesores. Lo curioso del asunto fue que a los profesores les pasaron las respuestas de las pruebas un día antes. Por lo que la prueba carecía de importancia y veracidad. Eso me lo contó una de las profesoras.

Esa primera experiencia me desconcertó bastante, pero años después, cuando entré a trabajar a otras instituciones de gobierno, me di cuenta de que aquello no era nada en comparación a los cánceres de corrupción, nepotismo y acoso laboral.

Así fue como pasó un año. Trabajé por primera vez y a la par estudié lo más posible para hacer mi examen de ingreso a la UNAM.

Autobiografía XXI / Un respiro

Por Juan Francisco

XXI

Me detuve a unos cuantos metros de la puerta. Aún no quería entrar. Necesitaba un poco de tiempo para reflexionar sobre un pasado que creía distante, pero que resultó estar más cerca de lo que pensé.

El pasado me ayudó a notar que mi vida había sido, hasta ese momento, un cúmulo de experiencias compartidas. Todo los pasos que había dado en la vida estaban enlazados a la vida de alguien más. Durante la secundaria y la vocacional mi vida estuvo plagada de inseguridad y desamores. Inclusive, el final de la etapa previa a mis dieciocho años fue una decepción amorosa total. Por supuesto que eso cambió con el paso de los años. Sin embargo, sentía como si aquellos años fueran una pérdida irreparable. Momentos, instantes, que se fueron para no volver; negando así la oportunidad de corregir mis errores. Para ese entonces, mi vida se asemejaba más a una hoja arrugada cubierta de rayaduras de una tinta imposible de borrar; una tinta carmesí que se marcó eternamente en mi memoria.

Miré el cielo. La luna se había ocultado tras un mar de nubarrones grises. La lluvia se avecinaba. Todo sería devorado a su paso por la oscuridad que acompaña a toda tormenta. El olor a tierra húmeda se incrustó en mi olfato y una ventana en la penumbra nocturna se abrió frente a mí. Una sombra parecida a mí salió y me tendió su mano. Las páginas comenzaron a pasar una a una en mi mente; lo olvidado retornaba a la vida.

Autobiografía XI / En busca de una aventura

 Por Jimena

XI

Tomando en cuenta que ya me habían cachado en la relación clandestina y que ese sería un punto más para reforzar la vigilancia, para salir del castillo debía ingeniármelas para poder vivir aventuras. Hay que agregar que estaba estudiando en una preparatoria antorchista, donde cada seis meses había un evento cultural en Tehuacán, Puebla. Entonces decidí usar uno de los grandes talentos que tenía.

Durante mi estancia en la preparatoria, aprendí a tocar la guitarra. Realmente solo me salía un 80 % bien Las mañanitas, pero para mí era un logro espectacular. Así que tenía la forma perfecta de pedir que me incorporaran al grupo de rondalla de la preparatoria y con ello tener la oportunidad de salir y conocer nuevos lugares. Para mi buena suerte la rondalla me aceptó. No es que fueran exigentes, pero casi nadie quería estar en ese espacio porque nunca había salidas más allá de la delegación Cuauhtémoc. Yo siempre pensaba que en algún momento llegaría esa salida.

Entonces, un día el director de la preparatoria pasó a invitar a los estudiantes a una presentación de rondallas que se llevaría a cabo en Tecomatla, Puebla. Lo cual a mí me pareció perfecto para conocer nuevos lugares y fortalecer lazos sociales y sobre todo vivir una aventura.

Así que cuando llegué a la casa le conté a mi tía y a mi papá sobre dicha invitación y les pregunté si podía ir. Los dos me preguntaron que si sabía tocar algún instrumento y es aquí cuando contesté: ¡Claro que sí! Para esto, tengo que decir que solo practicaba durante la clase de música porque mi papá siempre decía que las clases artísticas solo eran para perder el tiempo. Y es aquí -también-, cuando empezaron las preguntas: “¿Desde cuándo sabes tocar la guitarra?,¿Quién te enseñó?, ¿Por qué no habías dicho nada?” Sabía que si respondía, no me creerían porque ellos solo tenían la idea de que esas salidas eran para regresar con un domingo 7. Y claro, no podía quitarle esa idea al Señor Ogro, pues ya me había visto “con hombre” y más si me vio con cara de “perdida de amor”.

Le pedí prestada su guitarra a Gris, mi amiga de la prepa, para poder contestar las preguntas. Durante dos horas estuve practicando Las mañanitas y entonces partí a la casa con la guitarra. Me senté en la sala y empecé a contestar todas sus preguntas con la canción de Las mañanitas.