Por Perla Dalila
18.12.2000
Querido Diario:
Hoy fue mi primer día en la clase de danza. Me encontraba muy emocionada de conocer otras niñas y de estrenar las nuevas zapatillas de Ballet. Mis papás querían conocer a la maestra. Prepararon todo para que estuviéramos a tiempo en la academia de baile y poder presentarnos con ella; nos habían dicho que era una excelente profesora.
Cuando por fin llegamos a la academia saludamos a la maestra, a quien todas las personas la llamaban "maestra Paty" y quien me dio una cálida bienvenida con un abrazo. En verdad, ¡me
sentí muy contenta de poder aprender ballet y conocer otras niñas! El
recibimiento de la maestra Paty me hizo sentir muy especial.
Una vez que mis padres salieron
del salón, la maestra Paty me llevó al salón de clases y después de presentarme
con el resto de las alumnas, instruyó que escogiéramos una pareja, ya que el ejercicio
que realizaríamos lo haríamos con otra niña.
A mi lado había una niña que
parecía muy amable, así que le pregunté su nombre y si quería ser mi pareja. Ella me dijo que se llamaba Ana, en seguida sonrió y aceptó trabajar conmigo. Cuando
íbamos a comenzar la práctica, de repente aparecieron mis padres: Julio y Fernando,
quienes, apenados de haber interrumpido la clase, le ofrecieron una disculpa a
la profesora y le dijeron que solo querían entregarme la lonchera que había olvidado
en el coche, corrí a abrazarlos y a recoger mi lunch.
La maestra acompañó a mis padres a la salida y dijo que la esperáramos unos instantes. Mientras ellos salían del salón de clases, Ana me preguntó:
- ¿Quiénes son esos señores?
Y yo le respondí: son mis padres.
¿Cómo que tus padres?, replicó Ana.
A lo que yo afirmé: sí: mi papi y mi mami.
Ana desconcertada, expresó: eso no puede ser, debes tener una madre.
Yo le respondí: No: yo tengo dos
papás.
Rocío, otra niña del grupo,
escuchó a Ana y le dijo: ¿Y qué pasa si ella tiene nos padres? No pasa nada,
¿no?, digo yo.
Ana cuestionó a Rocío: ¿A ti te parece bien que ella tenga dos padres? A mí me parece, que eso no es una familia.
Mientras escuchaba esto, yo me sentía muy mal, quería salir
corriendo.
Roció contestó a Ana: da igual,
esa también es una familia, no pasa nada. ¡No debería importarte!
Ana se alejó de nosotras, me
señaló y gritó: ¡Pues yo no quiero bailar con una niña rara que tiene dos
papás!
Fue entonces cuando Rocío me tomó
de la mano y exclamó: ¡Tú te vienes conmigo, haremos los ejercicios juntas!
¡Yo sentía que el corazón se me
salía! Sentí muy bonito que Rocío, una niña a quien apenas conocía, me
defendiera de esa manera. Le pregunté si no le importaba ser mi amiga aunque yo tuviera dos padres. Ella contestó: ¡Es que a mí no me importa!
Presiento que es el inicio de una linda amistad.
Jade.
No recordaba que había guardado este diario, que por mucho tiempo, fue mi confidente. No puedo evitar contener el llanto después de leer estas líneas. Momentos como el que viví en aquella primera clase de ballet, se han repetido a lo largo de mi vida.
Las personas no siempre han comprendido porqué mi familia es diferente y por ello, de muchos espacios me he sentido excluida y discriminada; sin embargo, personas como Rocío, han sido mis grandes acompañantes y han sido mis pilares, quienes me han motivado a luchar en contra de la discriminación y a trabajar en favor del respeto y reconocimiento de las familias diversas.
Hoy Rocío es mi cómplice en este caminar: formamos una fundación para fomentar los derechos de las familias diversas. Se ha convertido en la hermana que nunca tuve.
Mis papás, Julio y Fernando, la aman profundamente. Ellos tres son lo que más amo en la vida. Para mi han significado el brazo que te rodea para protegerte y el corazón cálido en momentos difíciles. Con ellos he aprendido a reconocer que lo único que verdaderamente importa en una familia, es el amor que une a sus integrantes, que se fortalece todos los días y que te impulsa a ser una buena persona.