Por Julio César
XVII
Al concluir la secundaria pasó algo con la secretaria del último año. Es decir, quien llevaba el control de la documentación y la encargada de la elaboración de los certificados para sus posteriores firmas y sellos correspondientes, se equivocó. El único certificado que se había elaborado mal, fue el de su servilleta. Por cierto, la secretaria solicitó licencia por maternidad en esos días. Imagínense: su servilleta necesitaba el certificado para la inscripción a la preparatoria. Probablemente se perdería el 1er año o sería necesario solicitar una prórroga para entregar el documento posteriormente.
Acto seguido se fue a la dirección para ver cómo se podía resolver. La directora resultó ser la esposa de un ex compañero (de su antiguo trabajo) de mi papá. La directora revisó mi historial académico y vio que era buen alumno. Pues por el promedio, estaba entre los 5 mejores del grupo y me dio una constancia para poder inscribirme a la preparatoria. Además, recomendó que se fuera a la SEP y a qué área para no traernos con tantas vueltas. Como dato interesante, cabe mencionar que en la región por donde vivíamos hay una extensión de la SEP que cubre la región oriente del estado, así que no hubo necesidad de ir a Morelia. Lo cual fue una preocupación menos.
Lo más interesante de la historia es que la persona que nos atendió para ver lo del certificado, resultó ser un conocido: era con quién íbamos a echar las cáscaras de baloncesto y el proceso de la expedición del certificado fue tan sencillo, que no duramos ni 20 minutos en la oficina y ¡listo!