01 noviembre, 2020

CALAVERAS COLECTIVAS

Estaba MARIO muy contento,

en su Taller de Escritura Creativa

escribiendo bellos versos, que de su corazón salían.

¡Pobre Mario no sabía!

Que la Catrina embelesada lo veía, 

pues de sus bellos versos, enamorada se sentía.

Y muy pronto se lo llevaría 

para que sólo a ella le escribiera poesía. 

(MARIELA)


YURIANA escribiendo estaba

el poema del Conejo en la luna,

cuando de repente su bolígrafo no encontraba.

Cuando de repente, la Huesuda le dijo:

-De esta no te salvas,

 porque la maestra Olga te reprobaba 

si no le cantaba.

Y la calaca esperando estaba.

(OFELIA)


Estaba HÉCTOR sentado frente al mar

cuando de repente la Calaca comenzó a gritar:

¡Tu hora ha llegado para con la Flaca bailar!

Y tus versos no te van a salvar. 

(FLOR)


MARIELA escribiendo cuentos andaba

cuando la calaca la vio,

pronto la huesuda encontró

una hoja que a la joven se le cayó,

de hombres lobos y pactos

sus cuentos la calaca leyó y le encantaron tanto,

que al panteón se la llevó.

(YURIANA)


¡Ay, qué dolor y qué tristeza!

decía la Calaca  llorando en el panteón.

¿Qué te pasa, te rompieron el corazón?

preguntó el enterrador con presteza.

-Para nada-, ella respondió, 

mi wifi falló y aquí la señal es mejor.


-¿De qué son esas lágrimas, entonces?

-¡Silencio! No escucho si hablas a grandes voces.

Escucho los textos de grandes autores

y talentosos, aunque jóvenes.


¡Tengo una gran idea!

¿por qué no pones una academia?

Te traes a los de Letras de Pandemia

para que escriban y te lean.


¡Me parece que es lo mejor!

para darle paz a mi corazón,

y mucha luz a mi panteón, 

con puro talento al por mayor.

(LETRAS DE PANDEMIA)

 





Fortuna

Viajaba en el metro con la mirada perdida y el cuerpo oscilante. Estaba rendida, había tenido

un día agotador. Eran cerca de las once de la noche y en los vagones sólo se veía a unas

cuantas personas; en el asiento de enfrente, sin embargo, se encontraba sentado un señor,

que parecía bastante cansado, como yo, pero más que eso, lo encontré ansioso: volviendo la

cabeza de un lado al otro. Lo miré con discreción por un rato, pero ya que estaba muerta de

cansancio, el sueño terminó por vencerme. Sólo desperté cuando alguien movió mi hombro

para anunciarme que estábamos en la última estación.  Todavía atontada di las gracias, tomé

mis cosas y salí con premura. 


Rendida como estaba me deshice de las bolsas que llevaba y  pasé directamente a la cama.

El cansancio era tal,que al instante quedé dormida. Sólo desperté cuando escuché un fuerte

sonido.


Sobresaltada busqué el origen del ruido y descubrí con sorpresa que, de entre las bolsas que

la noche anterior había dejado desperdigadas sobre la mesa, se encontraba otra bolsa que no

era mía. Abrí con urgencia el bolso. Lo que resonaba era la alarma de un celular programada

para las diez de la mañana, pero también, dentro estaba lo que parecía ser una enorme

cantidad de dinero. 


No podía creerlo. -¿Cómo era posible que esta cantidad de dinero hubiese llegado a mí sin

siquiera yo notarlo?, -me pregunté.


Repasé con cuidado los acontecimientos del día anterior buscando el posible momento en el

que la bolsa desconocida se había metido entre mis cosas. Después de cavilar por más de

media hora, yendo del desconcierto a la alegría, concluí que debía haber sucedido en el

momento en que me dormí en el metro. ¿Acaso ese extraño señor había colocado este regalo

entre mis cosas?


Nerviosa como soy, de la alegría total, pasé a la angustia. De pronto me asaltó la duda sobre

¿cuáles habrían sido las razones por las que alguien se querría deshacer de tanto dinero?

Me preguntaba una y otra vez si ¿podría ser que el dinero perteneciera a algún matón que en

un momento límite se vio obligado a deshacerse de él, metiéndolo en mi bolso con la intención

de reclamarlo más tarde? Acaso, ¿ya desde anoche, sabe dónde vivo?, me preguntaba. 


Estos pensamientos y el surgir de nuevas angustias fueron poco a poco nublando mi mente.

Con el correr del tiempo me convertí en una persona histérica y recelosa. Constantemente me

asaltaba la idea de estar siendo vigilada, a veces, con miedo,  permanecía en vela esperando

a que el dueño viniera a reclamar su dinero.

El viaje de ida y vuelta al trabajo se volvió también un tormento, muchas veces imaginé que

sería señalada de ladrona por un desconocido: "¡Es ella, es ella la ladrona!


Sin embargo, era incapaz de deshacerme del dinero, me aferraba a él con un deseo glotón y

por las noches en las que con miedo esperaba tocaran a mi puerta, abría el escondite donde

estaban los fajos de billetes y lo miraba como mi gran tesoro. 



MALA NOTICIA CON FINAL FELIZ

 En un pasillo  muy blanco y pulcro  se encuentran dos personas conversando, ambas visten de azul.


Beatriz: (A Luis, alegremente) Hemos realizado la operación con éxito, ¡Salvamos  al paciente! 


Luis: (Alegre) Enhorabuena doctora, ese niño merece vivir. Han valido las cinco horas de trabajo en el quirófano.


(Ambos se dan un abrazo y vigilando que nadie los vea, también un beso. La doctora se dispone a irse pero de repente suena el altavoz)


Altavoz: Se solicita a la doctora Beatriz en la sala de urgencias. Se solicita a la doctora Beatriz en la sala de urgencias.


Beatriz: (A Luis) Vamos.


(Los dos salen a urgencias. Luis, quien llega antes, le comunica a  Beatriz.)


Luis: (Agitado) El paciente presentó complicaciones, luego de la operación: necesita entrar de nuevo al quirófano.

.

Beatriz: (Decidida) Adelante.


(Se apagan las luces. En  escena  aparece un reloj; se ven pasar cuatro horas. Se ilumina una sala de quirófano).


Luis:(Alarmado)  ¡El paciente se nos va doctora!, ¿Qué hacemos?


Beatriz: ¡Rápido el electroshock!


(Se apagan las luces, se ve un reloj en el que pasa una hora. Luego, se encienden en lo que parece ser un pasillo de hospital.)


Beatriz: (Cansada pero alegre a Luis) Lo hicimos.


Luis: ¡Sí doctora, lo hicimos!


(Se abrazan)