Por Alan Emmanuel
Narración de Violencia Psicológica, desde el punto de vista de quién la ejerce.
Cuando la miro, veo su fragilidad. La dibujo en mi cabeza como ama de casa perfecta: con mis camisas planchadas, la comida hecha, los niños bien cuidados. Hice bien en quitarle la responsabilidad de trabajar y que dejara de utilizar ropa que no va con ella, nada de tacones ni faldas, eso es para zorras.
¿Qué más puedo decir de mi tontita? Ella hace bien en quedarse callada, en estar siempre lista cuando yo lo dispongo, pues para eso trabajo, para darle gustos y que no le haga falta nada. Bien lo decía mi familia: una mujer debe ser sumisa y cuidar a su esposo abnegadamente.
Algo de lo cual me siento satisfecho, es de haberle sacado de la mente esa estúpida idea de estudiar. Las mujeres deben estar en casa, cocinando y lavando, como decía un famoso ex presidente: "son lavadoras con patas". Ni que decir de sus tontos, estúpidos y raros amigos, hice bien al alejarlos de ella, para que no le metan ideas. Y por supuesto la bruja de su madre, siempre chismosa, así como toda su familia, una bola de chiflados, que no le aportan nada y que sólo quieren que fracase nuestro matrimonio.
Yo le noto más feliz, más contenta, pues sabe que le doy todo a manos llenas y que jamás, ni en un millón de vidas, encontraría a un esposo tan dedicado y trabajador como yo.