"... después entró en su casa por la puerta trasera, que estaba abierta desde las seis, y se derrumbó de bruces en la cocina".
Gabriel García Márquez
Por Frida Zamora
Ese día soñó con él. En su sueño decía exactamente lo que había dicho la noche anterior: "Está hecho, lo maté".
Dentro de sí, imaginó por un momento que efectivamente todo era un sueño. Pero al verle parado frente a la cama sin poder dormir, vino a su mente todo de nuevo: el trato, la reunión, el ardiente deseo de vengarse y el dolor por la pérdida.
Decidió entonces que no era momento de seguir durmiendo y que debía levantarse a calmar la angustia de su hermano, lo abrazó fuertemente pero éste no se movió: su cuerpo temblaba. Pero no sólo por fuera, también por dentro, sus emociones también estaban atormentándole.
Ese es el resultado de convertirse en un asesino: la mente no puede asegurar qué es lo que pasó. Así que decidió dejarle ahí, solo e ir directamente a donde habían dejado el cuerpo inerte. Tomó por el brazo aquel cuerpo obeso que un día había sido su jefe y tirando fuertemente de él, lo metió en el pozo.
Sabía que ni la desaparición de aquel hombre, ni su venganza lograrían hacer que el dolor de haber perdido a su padre se esfumara, pues éste había sido asesinado en manos de aquel sujeto mórbido, por no querer participar en un sucio trato. Eso pasaba por su mente cuando escuchó un disparo dentro de la casa, después entró por la puerta trasera, que estaba abierta desde las seis, y se derrumbó de bruces en la cocina.