27 mayo, 2021

Autobigrafía XIV / Remembranza

 Por  Juan Francisco

XIV

Lo que sucedió posteriormente me gustaría expresarlo como un texto surrealista; como una aproximación a lo vivido por medio de una proyección narrativa que trasciende lo real. La verdad comienza donde la memoria no alcanza.

Tú, yo, nosotros. Aquel momento. Aquel día, aquella hora. Ese lugar. Yo con mis condenadas dudas, con mi pordiosera pena por lo desconocido. Caminando por pasillos laberínticos me voy sumiendo en la inseguridad. Desciendo por aquel abismo hasta el punto acordado. Cada escalón es demasiado corto, tan minúsculo como los segundos que me separan de ti. Toco el suelo con un pie, después con el otro. Levantas la mirada. Nos miramos y un rayo rompe en cielo. Me reconoces, te reconozco. Me sudan las manos. Me duele el alma. Duele estar frente a ti con ese amargo miedo desgarrando la garganta. Camino hacia ti. Tu seriedad vuela y se posa en una sincera sonrisa. Me miras, me reconoces, me sonríes. Buena señal; pronóstico de vientos favorables. El arcoiris se abre paso y con una tierna voz me dices:

-Siéntate aquí, junto a mí.

Sigo tu voz como un ciego. Me acerco a ti con un deseo infinito por no estar ahí. Aún es tiempo, pienso en un silencio lejano. Corre y no mires atrás, sugiere una voz a mi diestra ¡Calla! refuta una fuerza interior que se muere por conocer, por desentramar aquella historia, la mía, la nuestra.

Extiendes la mano. Me ofreces un sobre blanco con letras grabadas. Me miras de nuevo. Ese par de pequeños ojos avellanados esperan una réplica, un movimiento, una confirmación. El tiempo ya no corre. El último instante se vuelve el primero y el verano no es tan caluroso como esperamos. Huele a otoño. Huele a esperanza.

-Es mi respuesta -dices y la carta llega a mi mano. Un par de alas de mosquito carmesí hacen lo imposible: llevar lo ajeno a lo propio. Tu sentir ahora está en mis manos.

Así como yo te entregué un complicado corazón tatuado con una rosa diminuta, tú haces lo propio. Me ofreces un anhelo, la pretensión por saber lo que deseas conocer por mi voz; por medio de unas palabras que confirman lo inesperado pero previsible.

Abro el sobre y sacó una carta. La desenvuelvo como si fuera una piedra preciosa, como un regalo de un universo distante. Los colores se vuelven letras, los sonidos melodías y las dudas se han marchado sobre un dragón blanquecino.

Me dices, aseguran mis ojos, que la carta es un detalle muy lindo. Mis palabras te han cautivado y desconcertado al mismo tiempo. Expresas tu desconcierto por mi abrupto enamoramiento; sentencias que eso no es posible. Se quiere lo que se conoce. ¿Cómo es que me quieres si apenas sabes mi nombre? No, no compañero. No es la forma correcta. Primero lo primero. Primero conóceme, mientras yo te conozco a ti. Así llegarás a mí por el camino que lleva al corazón, y no por aquel que desemboca en el abismo.

Ella me sonríe. Yo hago lo mismo. Es un pacto, un contrato.

La cláusula primera estipula con delicada caligrafía: Conozcámonos. La subsecuente recomienda: No nos vamos a querer todavía, porque eso es algo sagrado. La que le sigue manifiesta: Nos daremos la oportunidad de convivir e intentar. Al final, casi como un secreto que ambos desconocemos se estipula: Esta soy yo, este soy yo. Al final habrá un ambos. Y ese final llegará acompañado de un gran dolor.

Autobiografía XIII / La conquista

Por Juan Francisco

XIII

El ordenador estaba encendido frente a mí. La noche me había alcanzado y con ella la presión por terminar la tarea. Estaba cansado y deseaba dormir lo más pronto posible. Una notificación me sacó de aquel momento de profunda desdicha. Messenger me notificó sobre un nuevo mensaje. La chispa adecuada me envió un mensaje sencillo y enigmático: Hola.

En un primer momento no entendí que estaba pasando. Yo no era popular, por lo que no había muchas personas que me enviaran mensajes y menos a media noche. Aquel sobrenombre no me decía nada. El texto que acompañaba a ese “Hola”, me aclaró todo en un segundo.

-La carta fue un detalle muy bonito…

Vale la pena decir que los párrafos subsecuentes no fueron de mucha importancia. No tanta como aquellas primeras palabras. Era ella, la Maga.

De algún modo ella consiguió mi correo electrónico y, por ende, halló un camino para llegar a mí. Habían pasado un par de semanas desde que Moe le entregó la carta.

En ese instante solo pensaba en blasfemar contra el buen Moe: - Maldito, cómo pudiste traicionarme, dije para mis adentros. Él le proporcionó mi correo, no cabía duda. La cuestión en aquel momento versó sobre qué debía hacer. Ella me buscó y me encontró demasiado pronto. Yo huí y ella fue tras mi rastro como un cachorro curioso. Por más que el sol se aleje de la luna, por más que el día se esconda de la noche, el destino termina por unirlos durante el eclipse. Aquella inesperada circunstancia fue un eclipse total; un evento sobrenatural que demostró mi incapacidad para escapar del destino.

Entonces hablamos por bastante tiempo. Ella me agradeció la carta, aunque tenía demasiadas dudas sobre los sentimientos que le expresaba en ella. ¿Cómo era posible que me hubiera enamorado tan pronto de ella? Peor aún, sin conocerla ni un poco.

Ya que deseaba verme y platicar conmigo, no tuve más remedio que complacerla. Yo no quería verla de nuevo. Tenía miedo a su rechazo. Más aún, a su correspondencia. Era la primera ocasión en que una chica se acercaba a mí y me pedía una explicación. Una explicación sobre qué significaba aquello que le expresé por medio de unas palabras que ya me eran distantes y extrañas.

Sin más, le dije que sí, que nos veríamos. Acordamos la fecha, hora y lugar. Las manos me sudaban demasiado cuando ella, sin mayores complicaciones, aceptó los términos. Nos despedimos con la plena confianza de que pronto nos encontraríamos. Para ese entonces había olvidado por completo la tarea.

Esa noche no pude conciliar el sueño. Solo el cansancio absoluto terminó por sacar su imagen de mi mente.

Autobiografía VII / Cumpleaños feliz

 Por Ofelia

VII

Ya casi casi cumplidos los 18 años tenía planeado trabajar, ser independiente. Claro, sin descuidar lo que siempre se nos inculcó: "estudiar". ¡Ah! Mis respetos para aquellas personas que estudian y trabajan al mismo tiempo. Solo le platiqué a mi mamá mis planes, pues con mi papá no lo hacía. Con eso era suficiente, pues ellos se comunicaban todo y a su vez mi papá le platicaba a mi tío.




Aún no cumplía mis planes pero como si ya lo hubiese hecho. Mi tío, ni siquiera mi papá, me dijo: “Estás mal. Dedícate a estudiar. Te va a gustar el dinero y vas a dejar la escuela”. Me sentí muy mal porque no le veía nada de malo. Tampoco me podía quejar: teníamos todo, como dicen por ahí, en charola de plata.

También nos enseñaron a ahorrar. Administraba bien 20 pesos que me daban para mis pasajes: solo ocupaba cincuenta centavos para el transporte de ida (si no mal recuerdo) y otros cincuenta centavos de regreso. Claro que esto implicaba caminar de 5 a 10 minutos. El resto lo guardaba. Con eso llegamos a comprar zapatos de la marca Andrea, algunas cosas de Tupperware y ropa, sin necesidad de pedirle dinero a mis papás, que solo nos compraban ropa en año nuevo o en nuestro cumpleaños.

Cumplida la mayoría de edad, mi papá (supongo que de felicidad, gusto o lo que haya sido) bebía una cerveza y me invitó un vaso. Después otro, hasta que en el tercero, ya estaba yo bien happy. Mi papá también ya estaba entonado y necio queriendo que yo siguiera bebiendo con él e insistía, pero mi mamá lo regañaba diciéndole que ya no me sirviera otro vaso. Yo aún en mis cinco sentidos, le dije a mi hermana que me sentía bien. Sin embargo, mi mamá le dijo que ya me llevara a dormir. Como jovena bien portada lo hice. Aunque no se me olvida la cara de enojo de mi mamá. No conmigo, sino con su amado.

Autobiografía VIII / El paso por la universidad

Por Ofelia

VIII
Amaneció y tenía que alistarme, pues había llegado la fecha para presentar el examen a la UNAM. En aquel entonces quería estudiar medicina, según yo, pues en la prepa llevaba materias de administración. Al final las cambié por Ciencias de la salud, pues quería ser médico. Cosa que no se dio, pues no pasé el examen de admisión. Mis papás no me creyeron. Decían que estaba mintiendo, que yo ya no quería estudiar por eso había contestado mal el examen para obtener solo la mitad de los reactivos. Se negaban a creer que no tenía asignado un lugar, pues aquella niña inteligente, en varias ocasiones llegó a explicarles a sus compañeros los temas que a los maestros les costaba trabajo enseñarles. Pero, ¡oh! Vaya desilusión y decepción para mí también, pues estaba segura que si aprobaría el examen.

Pasaron los días y salió la convocatoria de la UAM. Presenté el examen aunque ya no estaba convencida de ser médico. Me enfoqué en el área de Ciencias de la salud. Aunque no tenía claro a qué me dedicaría, me aterraba la idea de no seguir estudiando, pues era algo que siempre nos recordaban.

Salieron los resultados y logré conseguir un lugar. Claro, no en la carrera que quería. Pero, ¡creo que las cosas pasan por algo! Me asignaron un lugar en agronomía, a lo cual estaba resignada, pero no convencida, principalmente porque mi papá tenía algunos terrenos en el pueblo y ya me imaginaba realizando algunos proyectos. Aunque no les convencía esa carrera, supongo que porque se les hacía que no tendría futuro.

Salieron los resultados y logré conseguir un lugar. Claro, no en la carrera que quería. Pero, ¡creo que las cosas pasan por algo! Me asignaron un lugar en agronomía, a lo cual estaba resignada, pero no convencida, principalmente porque mi papá tenía algunos terrenos en el pueblo y ya me imaginaba realizando algunos proyectos. Aunque no les convencía esa carrera, supongo que porque se les hacía que no tendría futuro.

Terminé el tronco común. Mi futuro era incierto. Cursé un trimestre de la carrera que me asignaron, aunque en ese tiempo se me metió la espinita de cambiarme a nutrición. Una amiga que conocí en el tronco común me decía que me cambiara a enfermería y tal vez esa hubiera sido la mejor opción, o mejor dicho mi vocación, ya que de las personas que conozco cuando les digo que trabajo en un hospital, la mayoría de ellas me pregunta si soy enfermera y con cara de tristeza les contestó: no.

Una compañera me dijo, pues serías muy buena atendiendo a los pacientes. A veces por miedo uno no hace las cosas. Pero esa carrera realmente no es para mí, pues a esos ángeles realmente los admiro. Bueno, a la mayoría, porque hay quienes creo que se equivocaron de profesión. Se nota en la forma en cómo tratan a sus pacientes. Me ha tocado ver cada cosa, que digo: ¡qué bueno que no me pasé a esa carrera! Mis respetos.

Terminé el trimestre de agronomía y decidí cambiarme a nutrición. Me dieron el cambio y aún con la espinita de continuar con mi primera opción, no me agradaba la idea de continuar en la carrera. Por lo que quise regresar a lo del campo y ya no aceptaron que me cambiara porque en esas materias tenía 10. Terminé en nutrición. Al finalizar quería enfocarme al área de comedores, cosa que tampoco se me dio. Terminé en el área clínica.