25 junio, 2021

Autobiografía V / Conociendo dolores amorosos

Por Jimena

V

El primer día de secundaria fue un caos. El proceso de alistar a mi hermana fue divertido: la bañé, la vestí, desayunó y partimos a tomar el microbús para llevarla al kínder. La dejé en la puerta y me regresé caminando. En mi monedero cargaba una tarjeta de teléfono, así que decidí llamar a casa de mi abuela para hablar con Mari. Me contestó y me dijo: “Tal vez lo mejor fue que te fueras, porque tu novio se acaba de juntar con una muchacha de la otra colonia”.

Yo sentí un escalofrío que recorría desde la punta de mis pies hasta mi cabeza; mis manos estaban frías, mi corazón latía muy rápido y de inmediato cambié de tema y le dije a Mari que el sábado platicábamos.

Cuando llegué a la casa mi tía me dijo: “¿Ya sabes que tu supuesto novio ya no te esperó?” Recuerdo que solo me senté en la sala y dije: ``Nada es para siempre. ¿O sí?” Ella no respondió nada y enseguida mi papá me estaba gritando que me apurara a cargar los bultos de cemento porque él no lo haría solo y se me haría tarde para mi primer día de secundaria.

Salí a la calle, tomé un bulto de cemento y para variar lo rompí a medio camino. ¡Claro! Pesaba 50 kilos y mi cuerpo no lo aguanto. Así que mi papá exclamó una hermosa frase: “¡Si fueras niño, esto no pasaría!”. Entonces mi cabeza, una vez más, se cuestionaba lo malo que era ser niña.

Terminé de subir los cuatro bultos de cemento que me había asignado, me metí a bañar y ahí estaba esa falda de cuadros de color gris con verde, a lado una playera blanca con los respectivos zapatos, calcetas y ese suéter verde. Todo era nuevo y una vez más, mi papá me dijo: “Compórtate bien, no quiero quejas”. Partimos a la secundaria. Él me llevó y no recuerdo una sola palabra de lo que me dijo durante el trayecto, pero al final sabía que eran advertencias seguramente.

Llegamos a la puerta de la secundaria y dijeron que teníamos que hacer una fila para entrar. Así que me formé y entré al patio. Por un megáfono se escuchó decir: “Los de 2°A de este lado”. Ahí me formé y mientras estaban los honores a la bandera, sentí la primera punzada en el estómago: recordé lo del novio. Recordé que era niña y para rematar yo no me sabía el himno a la bandera. En mi cabeza sonaba el himno a Chiapas y ése ya no lo cantaría. Entonces mis ojos me empezaron a arder, mi estómago se revolvía y con ello un dolor de garganta horrible. comencé a llorar en silencio y dejé de hacerlo casi al mismo tiempo.

Pasamos al salón y nos presentamos, todos me hacían burla por mi acento y recuerdo que una niña dijo: “Mejor te hubieras quedado en tu rancho”. Yo le respondí que si pudiera decidir, sin cuestionar la decisión de los que decidieron traerme, lo hubiera hecho.

No recuerdo que ese día hubiera soltado una risa. Lo que sí recuerdo, es que ese día mi papá confirmaba mis sospechas: que no quería rosa, sino azul; que el amor también duele y que mi lugar no estaba ahí, pero tenía que vivirlo.

Autobiografía XXI / Nuevas amistades

 Por Julio César

XXI

A la mitad del 2º semestre, un cuate del grupito con quien me juntaba nos presentó a 3 chavas: Samantha, Ericka y Anastasia de la carrera de enfermería. Iban 1 año adelante de nosotros. No recuerdo ni siquiera cómo las conoció. Cada una de ellas tenía un carácter diferente, pero eran amigables. Samantha era la más estudiosa e inteligente, con el mejor promedio de su generación. Era delgada y de color normal: ni morena, ni güera; un término medio. Ericka era la más alegre; un poco relajienta; ella era “la bonita”: ni tan llenita ni tan delgada y de color güero. Y finalmente, Anastasia la alegre, pero centrada en las cosas que ella quería. Ni tan llenita ni tan delgada, tirando más a ser delgada y de color moreno. Se hizo una buena amistad con ellas. Casi siempre nos juntamos en la biblioteca pública para realizar las tareas. Al término salíamos a tomar un café o a dar una pequeña vuelta. Era sana la amistad que se tenía.

En una de esas reuniones en la biblioteca, Ericka me pidió que la acompañara para hacer algo. Y sí la acompañé, pero nos vio una persona conocida de la escuela y su servilleta hacia el apantalle de que había algo más. Pero no pasó más que una amistad.

En la actualidad, a veces me encuentro en la calle a Samantha y le hablo. En cuanto a redes sociales, hablamos un poco para mantenernos al día. Respecto a las otras chicas, no he tenido contacto con ellas desde que salieron de la prepa. Salvo con Anastasia, a quien tuve la oportunidad de hablarle una vez y comentó que se casaría.

Autobiografía XX / Pensamientos emotivos

 Por Julio César

XX

En una materia del 2º semestre, digamos comunicación social, la misma maestra Elizabeth pidió al grupo como tarea exponer sobre un tema de interés para nosotros y entregarlo para la siguiente clase. El día de exposición llegó. La verdad no me acuerdo de los temas que expusieron mis compañeros. La verdad, las cosas como son.

El tema del que habló su servilleta, después de consultarlo un buen rato con la almohada, fue (a grandes rasgos) acerca de la unión de los cuates para que no nos separaran. El motivo por el que lo escribí fue porque para el siguiente semestre separarían al grupo en 2. Es decir, la mitad la dispersarían entre los otros grupos de la carrera y en la otra mitad, ingresarían otros chavos de otros grupos. Por disposiciones de la escuela. ¿Qué les puedo decir? Pero al final seguimos juntos en los siguientes semestres: ni nos cambiaron de turno. Hasta el día de la graduación en el 6º semestre. Para el grupo de cuates con los que me juntaba algunos pensaron que era broma y otros, que fue emotivo. Pero, en fin. La intención es lo que cuenta. Por cierto, todavía tengo contacto con uno que otro de los cuates en la actualidad.

Autobiografía XIX / El hit del momento

 Por Julio César


XIX

En 1er semestre de una materia -digamos comunicación social-, la maestra Elizabeth pidió que se realizará un poema, canción o historia en parejas sobre algún tema de actualidad, para hacer énfasis en el año 2002. Mi amigo Kevin y su servilleta hicimos una canción sobre alimentación, usando como material varias frases y ritmos de canciones de diferentes grupos musicales como Los Socios del ritmo, los kumbia Kings, Los Ángeles azules, grupo Cañaveral, por mencionar algunos.

La canción fue graciosa. Por cierto, ¡todo un hit! Sonábamos como el grupo Sin bandera en sus mejores momentos. Como dato interesante, nos pidieron que repitiéramos el éxito y así lo hicimos. Por fin me pude reivindicar después del oso tamaño monumental hecho tiempo atrás. Cabe resaltar que si hubieran existido los teléfonos de hoy en día con cámara, wifi, datos, redes sociales y otras aplicaciones, seríamos virales. Se estaría dando entrevistas y conciertos. Por cierto, se pensaría en el siguiente hit. Para finalizar, aún se dan autógrafos, por si alguien le interesa.