06 agosto, 2021

Autobiografía XXXI / El nacimiento y ocaso de una amistad

 Por Juan Francisco

XXXI

Durante mi etapa en la práctica regional fue cuando volví a ver a la Maga. Ese pequeño trozo de mi memoria es limitado por el poco tiempo que convivimos de nuevo. Basta con mencionar que jugamos básquetbol en el Centro Interdisciplinario de Ciencias de la Salud del Casco de Santo Tomás. También jugamos en la explanada de la comunidad donde realicé mi práctica comunitaria. Viajamos un par de veces en el metro (en una de ellas, demasiado cerca el uno del otro). Disfrutamos de un par de smoothies en el Centro, mientras hablábamos de trivialidades. Me invitó a una tardeada con sus amigos médicos. Invitación que rechacé porque tenía un compromiso escolar. Me prestó dos libros, uno era el Psicoanalista de Katzenbach. En algunas ocasiones platicamos a distancia durante las noches, hasta que nos alcanzaba la madrugada.

La última vez que la ví, fue precisamente en la exposición fotográfica de la calle Motolinía. La cité ahí para devolverle el último libro que me prestó. Ella llegó ataviada con su infaltable bata blanca. Platicamos por más de dos horas sobre temas diversos que no llevaban a nada. Le dije que le podía prestar algunos libros, sobre todo alguno de mi colección de Stephen King. Rechazó mi oferta. Ahora, años después, agradezco su gesto. Después de esa ocasión no volví a verla. Aunque charlamos algunas veces más a distancia.

Al final, me quedé con ese bonito recuerdo de ella, de ambos. Esa escena fue lo más cercano a una amistad entre los dos. Posteriormente, cada uno siguió su camino. Uno que nos llevó más lejos el uno del otro. El mundo es demasiado pequeño y las coincidencias demasiado grandes. Quizás nos volvamos a ver antes de que la muerte nos alcance a ambos.

Autobiografía XXX / Nuevos horizontes

 Por Juan Francisco

XXX

El cambio al turno matutino fue una experiencia complicada -al principio-, en las asignaturas teóricas; más no en la práctica regional. En un comienzo Brisa estuvo conmigo en la misma práctica. Pero logré deshacerme de ella tras un semestre (se cambió de práctica) y todo mejoró sustancialmente.

El ambiente en el turno matutino era completamente diferente al mixto y al vespertino. En la mañana la mayoría eran individualistas, egoístas, pedantes y necios hasta la saciedad. Logré adaptarme a ese clima gracias a mi carácter tan sociable con los rechazados. Ellos fueron los que me brindaron su mano para formar equipos. También tuve una buena comunicación con la mayoría de los exiliados, aquellos que al igual que yo, pasaron del turno vespertino o mixto al matutino.

Lo valioso de esos años fue que logré sentirme libre de nuevo en la práctica. De nueva cuenta me destaqué como un líder dentro de un grupo dividido en dos facciones. Por suerte, la facción desagradable y disruptiva se marchó después de un semestre, junto con Brisa. La segunda parte del semestre de práctica fue maravillosa.

La temática de la práctica era Comercio en vía pública. Entrevistamos a comerciantes que trabajaban en la vía pública en la zona Centro. Recibimos un curso de Protección Civil y gestionamos uno para los comerciantes. Vinculamos a los miembros de un grupo de fotografía del Faro de Oriente con un proyecto encaminado a visibilizar la labor de los comerciantes en la vía pública. Se tomaron fotos de la vida diaria de los comerciantes. Las fotografías fueron expuestas por unas horas en la calle de Motolinía, en el Centro de la Ciudad de México. También se expusieron las fotografías en la explanada de la ENTS.

La labor que realizamos no fue sencilla. A pesar de las adversidades y limitaciones logramos hacer una excelente labor profesional. Me llevé muy bien con todas mis compañeras de práctica regional (era el único hombre del grupo). En esa práctica fue donde conocí a Elizabeth.

Autobiografía XXVIII / SU SERVILLETA ACEPTA UNA INVITACIÓN

Por Julio

XXVIII

Aproximadamente 1 año antes de terminar la preparatoria, me habían invitado para asistir a entrenamientos de voleibol, pero su servilleta agradeció la invitación. Días antes de concluir la preparatoria, tomé la decisión de asistir a los entrenamientos y me gustaron. Terminé participando meses después en la segunda división de la liga con los chavos con los que entrenaba.

Como dato interesante, usted no está para saberlo, ni yo para contarlo, la liga se disolvió por conflictos por el lugar en donde se realizaban los partidos. Por cierto, era el patio de una escuela primaria que está ubicada en el centro de la ciudad.

Posteriormente se hicieron 2 ligas, pero en fin, conflictos de intereses. Algo típico. Dejé de entrenar un tiempo, pero retomé los entrenamientos después. Otro dato interesante, es que al retomar los entrenamientos, volví a participar con los que ya entrenaba.

Meses después, participé en una de esas 2 ligas en 2a división, a petición del entrenador (como la primera vez). Perdimos la final de manera injusta por el arbitraje que estaba vendido. Actualmente no se entrena por motivos de pandemia.

Autobiografía XXVII

 Por Julio

XVII

El 6º semestre terminó por la 3er semana del mes de junio y los extraordinarios se aplicarían en la última semana del mismo mes. Como dato interesante, para obtener el título de técnico, lo podías hacer mediante un curso que tenía como duración un mes (de la 3er semana de julio y 1er semana de agosto). Para el caso, en informática, se hacía un curso de Corel y la otra opción era por tesis. Su servilleta no entró a esos cursos, porque había tomado la decisión de sacar el título de técnico mediante tesis, así que sólo iba a la escuela para revisiones y ver las fechas de la graduación. Por cierto, el examen lo hice en noviembre y si lo pasé, por sí se preguntan.

En la graduación todo fue emotivo. Además, el evento se realizó un viernes de la primera semana del mes de agosto. Como los cursos propedéuticos de la universidad iniciaban el lunes de la siguiente semana, no tuvimos vacaciones y se empezó, en corto, la universidad. Actualmente no he tenido contacto con todos (o la mayoría) de los chavos de la preparatoria con los que me juntaba y no sé bien por qué rumbos anden.