04 mayo, 2021

XIV/ Parte del 3er año

 Por Julio César

XIV

LENTES

A los 15 años, antes de entrar al 3er año de secundaria, empecé a usar lentes. Este problema de la mala vista empezó antes de terminar el segundo año, cuando se les avisé a mis papás de mis problemas de la vista. P por cierto, había una campaña del DIF municipal para hacerse los estudios gratis y la adquisición de los lentes a bajo costo. Fui con mi mamá al DIF; no había mucha gente y me hicieron los estudios correspondientes. Comentaron que tenía miopía y astigmatismo, la verdad ni sé qué grado tenía porque no pregunté y se mandaron a hacer los lentes. A la semana, cuando me los entregaron, les di su repaso. Para ser mi primera vez, se sintió raro porque nunca había usado. Sentía que me caía, pero los necesitaba y los sigo necesitando. Por lo menos, pasó en las vacaciones de verano.

Al iniciar las clases, a mí me daba vergüenza que me dijeran algo los vecinos, algún conocido o que un compañero del salón me dijera algo malo o se burlara. Al estar tomando clases, algunos compañeros que me vieron usar lentes les llamó la atención, pero entre los que nos juntábamos nos hicimos bromas al respecto. Hoy en día no le doy importancia.

NOSTALGIA

En los primeros días de inicio del ciclo escolar del 3er año, murió uno de los maestros del taller de Dibujo técnico por su avanzada edad. De lo que me enteré por algunos maestros, es que él partió de este mundo mientras dormía. Fue algo triste y aparte era el papá de la directora de la secundaria. Por cierto, a él le gustaba y era bueno dando clases y daba buenos consejos. Él fue de esos maestros que no te acuerdas como se llama, pero te dejan algo bueno.

JEFE DE GRUPO VERSIÓN 3.0

En el primer mes del 3er año, se tomó la decisión de cambiar de jefe de grupo a petición de un maestro y esta vez le tocó a otra compañerita: Andrea. Era buena onda y estaba en el cuadro de honor. Por cierto, su servilleta estaba debajo de ella por 2 puntos y además íbamos en el mismo taller de dibujo técnico. Ella sí le sirvió ese taller pues terminó la carrera de Ingeniería Civil.



VI/ Cinco minutos tarde

 Por Jimena

V

El último lunes de clases de diciembre, después del receso en la secundaria, José Manuel me invitó a su fiesta de cumple que sería el siguiente sábado en su casa y todos los compañeros del salón asistirían a dicho reventón. Yo nunca iba a las fiestas, ya que en mi casa siempre había tiempo para aprender hacer una niña bien; con ello me refiero a que los sábados y los domingos debía hacer labores de la casa y ayudar a cocinar.

Así que el lunes en la noche, le dije a mi papá que sí me daba permiso para ir a dicho evento. A lo cual, él respondió que le preguntara a mí tía y ella contestó que le dijera a mi papá. Entonces recordé que una vez, Mari dijo que cuando te dicen que sí, y luego que haber que dice la otra persona, eso no era más que un juego de futbolito. Entonces me senté a esperar que decían ambos. Al final dijeron que el jueves me decían, pero antes debía llevar la dirección, número de teléfono, nombre completo y horario.

El jueves antes de irme a la secundaria, pregunté que si me iban a dar permiso para ir a la fiesta y la respuesta fue sí. Yo por dentro bailé de alegría y después dejé de hacerlo cuando me indicaron el horario: de 3:00 a 5:30 pm. Entonces volví a preguntar: ¿dos horas y media? Y mi tía y mi papá dijeron: “ ni un minuto más y si te pasas de ese tiempo, debes asumir tu castigo”.

El jueves después del receso, José Manuel me preguntó si iría a su cumpleaños. Le conté las condiciones y primero se empezó a reír y después dijo: ¡qué mal plan! En fin, el viernes todos dijeron que el punto de reunión sería afuera de la secundaria a las 3 a 3:15 del día sábado. Yo llegué a las 3:10, pues me hacía 10 minutos caminando de la casa a la secundaria.

Partimos a la casa de José Manuel que de igual manera quedaba a 10 minutos caminando. Llegando a su casa, su mamá nos sirvió de comer y refresco. Después bailamos unos con otros; en lo particular, a mí me estaban enseñando. Unos compañeros fueron a comprar unas botellas de Caribe a escondidas de sus papás. Cuando llegué al Distrito Federal me enseñé a usar reloj de mano, así, que yo después de un rato, solo veía la hora. Y entonces, llegó las 5:00 de la tarde y yo empecé a despedirme de todos. Entre la despedida, dieron las 5:15, por lo cual salí corriendo. Literalmente: corría y corría. Por fin llegué a la casa 5:35 y para variar mi papá estaba en la puerta y solo dijo: “ 5 minutos. Estás castigada. Ya no vas a ir a fiestas con tus compañeros”.

Cuando le conté a mis compañeros y a José Manuel las consecuencias de llegar 5 minutos tarde, todos me preguntaron que sí me habían pegado y yo contesté que no, que solo me habían castigado. Aún recuerdo sus caras de sorpresa y a otros sus caras de angustia.

Y así pasó toda la segunda parte del segundo año sin poder ir a fiestas de compañeros; todo por esos 5 minutos. Los cuales, me enseñaron que llegar a tiempo es importante y que lo que mi papá decía era lo que se tenía que hacer.