12 octubre, 2020

El orgullo primero

 

Por Juan Francisco


En lo alto de una torre, en un muy remoto tiempo

se enfrentaron un rey siniestro

y un caballero ambicioso y diestro.

Tal era el orgullo y ceguera de ambos

 que no se percataron de la llegada

 de una gran tormenta por el norte. 

Los preparativos se hicieron y se presentó toda la corte. 

Decenas de asistentes se presentaron

 y los grandes competidores no faltaron. 

El rey –fiel a su ego–, uso una espada de plata con empuñadura de oro y diamantes. 

En cambio el caballero desenvainó una espada de duro hierro con marcas de mil batallas triunfantes. 

A los pocos minutos de haber comenzado la pelea, se soltó el aguacero.

 Al rey le dio lo mismo y al caballero también, por lo que no se detuvieron. 

Tan sólo un minuto después, un rayo partió el cielo. 

Estalló en medio del rey y del caballero, 

haciéndolos caer al duro y mojado suelo. 


Tras un breve desconcierto,

éstos se levantaron con miedo

pero no se rindieron. 

El orgullo los impulsó

de nuevo al duelo.

Otra vez chocaron sus espadas

sin hacerle caso al embravecido cielo. 

Segundos después,

de las grises nubes

un par de rayos descendieron. 

Tal fue el impacto de aquellos rayos, 

que el rey y el caballero de lo alto de la torre cayeron. 

Lo último que pudieron ver, 

fue la torre ardiendo 

y a los presentes, 

a la pelea gritando entre el fuego. 

El rey y el caballero

creyeron que eran gritos de aliento.







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