Por Gabriela Itabily Herrera Hernández
Era de noche cuando los ruidos del armario me despertaron, mientras Joaquín seguía roncando. Cuál sería mi sorpresa, pues no creía lo que mis ojos veían: alrededor de nosotros yacían reptiles grandes y pequeños que gruñían. No eran reptiles cualquiera, pues ya no existían. O eso creía: pues en mi armario ahora vivían dinosaurios grandes y pequeños que gruñían.
Buenas noches Gabriela, me gustó tu relato. Es corto pero original. Pude imaginarme en ese cuarto rodeado por esos pequeños dinosaurios. Saludos.
ResponderBorrar