Era de madrugada cuando mi mamá me levantó . Me sentía muy cansada. Tuve una semana muy pesada en la escuela. Era fin de semana, y tocaba trabajar en el negocio familiar. A lo que no quería apoyar, pues como siempre, por ser la mayor, lo tenía que hacer. Tocó la puerta por segunda vez, pero no contesté.
-No tarda en llegar tu papá, alístate. ¡Como dicen: la tercera es la vencida!. Llamó a mi puerta y muy enojada me dijo: ¡No te hagas el que la virgen te habla!
¡Caray! Ante todo la responsabilidad. Me levanté y cumplí con mis obligaciones.
Es una forma muy buena de presentar el deseo por descansar después de una semana agotadora. A veces simplemente no se puede luchar contra las exigencias de los demás. Pareciera que no entienden que también somos seres humanos con el derecho a descansar un poco. Por desgracias, como expresas en tu relato, al ser el mayor las responsabilidades son mayores. Es un relato muy verídico. Saludos.
ResponderBorrarAsí es. Gracias
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