Por Alan Emmanuel
Hay reencuentros que simplemente no deberían suceder. Hoy fue uno de ellos: caminando por alguna calle de cualquier ciudad, en cualquier momento, entre el bullicio y frenesí de la gente, la volví a ver. Fue un instante. Inevitablemente, el paso de los años se notaban en los surcos de nuestros rostros. Quedamos frente a frente y con un saludo forzado, siguió una charla trivial: "¿Cómo estás?" El clima. "¿Cómo te va?".
Hasta que sin poder contener las dudas, me preguntó: -¿Por qué te alejaste así?, ¿por qué cortar esa conexión que nos unió durante años?
Yo respondí que deseaba vivir, tener plenitud; no cargar con temores y viejos fantasmas. Ya te había agradecido por los aprendizajes y atenciones. El silencio de veinte años se hizo presente y mientras brotaban sus lágrimas, nos alejamos sin decir palabras, con la seguridad de que jamás nos volveríamos a ver.
Hola Alan, es un relato bastante bueno. Lo llamaste (Re) encuentro ficticio, pero es más real de lo que podría creerse. La situación que describes es algo que pasa de manera inevitable. El mundo es demasiado pequeño y terminamos por encontrarnos a esas personas que, para bien o mal, han sido parte de nuestras vidas. Se van pero algo de ellas se queda en nosotros. Saludos.
ResponderBorrarComo no sentirse así triste, si no lo has soltado para quien partio, regularmente no tiene pesar o no tanto como el de aquel que se a quedado abandonado! Muy bien concretado.
ResponderBorrar