17 junio, 2021

Autobiografía V / Abrigo azul al rescate

 Por Montserrat

V
A continuación llegó la parte en la que esta etapa no fue tan mala, pues conocí lo que sería una de mis pasiones: el dibujo. Sólo así descubrí lo especial que soy; sólo así arranqué todas esas etiquetas de mí; sólo así descubrí de lo que era capaz y sólo así me dejé de sentir excluida, por lo menos por mí misma. 

Igualmente descubrí mi amor por la lectura. La maestra Norma de quinto año nos leyó El principito me identifiqué con el aviador de niño y amé en cada instante al Principito. Ella nos lo leía cada semana y yo no podía con la intriga, así que busqué en casa entre todos los libros El principito y lo encontré. Me dediqué a leerlo yo sola, a saber más sobre ese niño misterioso, su cordero y su amada rosa.

Entonces nos invitaron a una feria del libro, pero ninguno de mis compañeros fue. Yo fui con mi mamá: escuchamos a un cuentacuentos; vimos personas bailando… Yo estaba fascinada con las manualidades. Al final, mi mamá sacó de su abrigo un libro, mi primer libro: Medias rojas al rescate. Lo compró para mí: un libro rojo con brujas en la portada.

Fue de esas primeras veces en que mi mamá y yo por fin teníamos un tiempo juntas. Sin tías-madrastras, sin hermanos, sólo ella y yo. Lo que siguió después fueron viajes cortos buscando telas para mi vestido de salida de sexto: morado y negro (sigo creyendo que fue una terrible elección). Siempre caminamos por calles estrechas: “el callejón de comida” y las tiendas antiguas de telas. Mi mamá y yo, ¡era más que perfecto! Mientras se hacía el vestido, en la escuela ensayamos el típico vals. Mi pareja fue un niño con el que nunca me llevé muy bien: Brian, “El príncipe que no era tan príncipe”. Siempre me insultó por no ser lo suficientemente delgada,. Pero, ¿saben? Para haber tenido complejos, nunca me importó. Ahora que recuerdo, tuve un noviecito, ya saben, de esos que no cuentan porque sólo éramos niños, y porque sólo duró dos días. Jorge, un niño rudo, mal portado, pero de gran corazón. 

Siempre me defendió de todos, incluso de Brian. Para nuestros últimos días en la escuela, la pasamos juntos. Fuimos grandes amigos, escuchamos música juntos, me comprendía y era el único que hablaba sinceramente conmigo. Le guardo un gran cariño y agradecimiento, pero he de admitir que no habríamos sido una buena pareja.

Llegó el gran día y todo sucedió bien, excepto la comida. Fue en un salón y en mi mesa la única era yo. Y fue cuando por primera vez me sentí fuera de lugar. Quería huir, era invisible a pesar de mi bonito vestido y los zapatitos que mi mamá me compró con su dinero. Pero bueno, no fue distinto a como lo fue antes. Al día siguiente, con mis uñas postizas recibí mi diploma de primer lugar. Yo junto con mis compañeros y maestras dejamos de subestimarme, sabía que había hecho las cosas bien, era una ganadora.

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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.