Por Juan Francisco
XIX
Y ahora estás en mi lista de promesas a olvidar
Todo arde si le aplicas la chispa adecuada.
La Maga se convirtió en la Chispa cuando terminamos. En su perfil de Hi5 ella se colocó como apodo La Chispa Adecuada. Era una forma de manifestar su adoración por esa canción de los Héroes del Silencio. No le tomé demasiada importancia a ese detalle hasta que la pandilla comenzó a llamarla de esa manera para molestarme. Desde ese momento también comencé a nombrarla de esa manera.
Cuando yo me quedé atrás, en el pasado y me hundí en el alcohol y el cigarro, ella siguió adelante con su vida hasta que encontró la felicidad en los brazos de un buen tipo. Se casaron hace dos años después de una relación de más de once años. Ella es muy feliz con él. Además, ella terminó la carrera de médico y le va muy bien. Sigue siendo la misma chica extrovertida que conocí en la vocacional.
¿Cómo sé todo eso? Bueno, ella me colocó en su lista de promesas a olvidar, pero no me olvidó del todo, ni yo a ella. Por eso nos buscamos sin quererlo. La chispa adecuada no volvió a arder. Sin embargo, fuimos buenos amigos por un tiempo.
Después de cuatro años de haber terminado, jugamos un par de partidos de basquetbol, degustamos un par de smoothies en el Centro y me prestó un par de libros (que le devolví la última vez que nos vimos). Platicamos varias noches sobre tonterías. Y también dibujó mis ojos. Al final, yo le pedí perdón y ella también se disculpó. Fuimos dos jóvenes inmaduros e inseguros que movieron las piezas de un tablero llamado destino. Jugamos sin conocer las reglas y apostamos demasiado en una sola mano de cartas. Al final tuvimos que aceptar que éramos un par de perdedores que debían buscar suerte en otra parte, lejos el uno del otro. Ella tomó el sendero de la aventura y la felicidad. Yo preferí esperar a que la noche cayera de lleno sobre mi vida. Solo así pude ver como una hoguera de recuerdos ardía en el horizonte; fuegos fatuos que me llevarían a encontrar mi propio camino.
El navideño Tom siguió ocupando un lugar privilegiado en la cabecera de su cama por algunos años más, después de nuestra ruptura. Quizás aún lo tenga como un recuerdo. No lo sé. Me gustaría creer que no. Para vivir en el presente debemos dejar el pasado en el olvido y solo traerlo de vuelta cuando sea necesario. Ella ya no está en mi presente ni yo en el de ella. Pero nadie nos arrebatará aquel pasado de felicidad y tristeza. Ese pasado que me ayudó a crecer como persona.
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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.