22 octubre, 2020

Ensoñación


Por Juan Francisco

Un niño, allá en lo alto de los montes del sur, paseaba un rebaño de ovejas. Iba con unas sandalias de cuero que le había hecho su padre y con un sombrero de paja que le había regalado su madre.

Llevaba un buen rato caminando junto con el rebaño. Le gustaba ver a las ovejas pastar por los montes. Sobre todo, le gustaba el ruido que hacían cuando se encontraban unas con otras.

El niño se tiró sobre la hierba y miró el cielo. Estaba azul, con algunas nubes como ovejas. Se imaginó paseando a esas ovejas de los cielos. Allá arriba la tierra era azul e inmensa. Sería maravilloso, pensó.

Sus ojos se le fueron cerrando poco a poco. Estaba cansando. La melodía de las ovejas lo fue arrullando poco a poco hasta que se quedó profundamente dormido. Lo último que alcanzó a ver fue a una inquieta nube que saltaba en lo alto.

Abrió sus ojos y se desarrugó el traje. Había soñado con su infancia, con esos momentos de paz, de tranquilidad en el campo.

Se levantó y se dirigió al balcón. Miró hacía arriba y sus ojos se encontraron de nuevo con esas nubes con formas que ovejas que paseaban por aquellas tierras azuladas.

Una puerta se abrió a sus espaldas.

–Señor presidente, Juárez –dijo un funcionario que entró a su despacho–, lo esperan en la sala de reuniones.

Benito le dio las gracias y el funcionario se marchó. Se giró y miró de nuevo al cielo. Cerró los ojos. Aquella melodía de las ovejas y el aroma de la hierba aún permanecían en su memoria.




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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.