Por Mariela
Me encontraba en un bosque oscuro y siniestro. Era media noche y no sabía dónde estaba exactamente, pues hace tiempo que la lámpara se había quedado sin pila. En la profundidad del bosque sólo podía escuchar el aullido de los lobos hambrientos.
De pronto, la oscuridad cedió ante la luz de la luna. Frente a mí vi aparecer una terrible criatura: mitad hombre, mitad lobo. En cuanto cruzó su mirada con la mía aulló con más fuerza. Se acercó ferozmente y cuando estaba por rasgar mi rostro con sus afiladas garras, el movimiento brusco que realizó provocó que quedara al descubierto sobre su cabeza, una enorme calva. Nervioso, recogió su peluquín, se lo acomodó presuroso y tomó la postura amenazadora que tenía al principio. Pero después de ver, que yo no podía contener la risa, salió huyendo despavorido con la cola entre las patas.

Simplemente genial. Está maravilloso tu relato. De verdad creí, al inicio, que se trataba de un relato de terror. El giro de la caída de la máscara de aquel ser pone al descubierto que el terror más grande lo experimenta aquel que es incapaz de despertar ni el más mínimo miedo. Me imaginé la escena y aquel tipo corriendo ante la risa de la protagonista. A veces al querer asustar a alguien somos nosotros lo que terminamos aterrados. Saludos.
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