Por Carolina García
No hay más violenta confrontación que la que se genera desde el interior
Esa lucha de la sublevación inconsciente y de las palabras ausentes
Que siempre enterradas en el corazón, estremecen la razón.
Entonces, se es fugitivo de uno mismo,
Del dolor que la boca ha callado, y de eso que los ojos han delatado
De las noches de angustias constantes y de las lágrimas que hemos sublimado.
¡Cómo duele migrar de eso que éramos y ya no seremos más!
Convertirse de las cenizas de la nostalgia
Entre la amargura que los sollozos han purgado
De un pasado anegado.
Y este es el resultado de meses en el diván
De esas conmociones que edifican y motivan
A un nuevo Yo que se ha transformado
Luego de a sus demonios haber subyugado.
Es renacer de una penumbra
Ante la esperanza de la mirada que alumbra
En un esbozo de un porvenir dichoso
Y de dejar atrás un sentir culposo.
Es despertar en un umbral reconfortado
Después de haberse uno conciliado
Con aquello que tanto nos ha estrujado
Y con la voluntad que se ha dominado.
El alma resplandeciente, tal hierro ardiente
Hace evidente un ser resiliente
Que en su evolución ha avanzado
Y su psique ha fortificado.
Hola Carolina, es un poema que nos recuerda que el mejor diálogo que podemos tener es con nosotros mismos. Retomas de manera magistral elementos del psicoanálisis que se incrustan, con un gran estilo, en tus versos para hacer notar el proceso introspectivo que surge si nos damos la oportunidad de escucharnos, de escucharnos de verdad. Saludos.
ResponderBorrar¡Muchas gracias Francisco!
BorrarUn placer leer tus comentarios.
Saludos.
Es un gusto leer tus trabajos; tienen un toque muy particular que los hace interesantes. Saludos.
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