Por Estela
Desde que papá se fue, el semblante alegre de mamá desapareció, dejando en su lugar una mirada perdida, y lágrimas en sus mejillas. Mientras más pasaba el tiempo, la casa entera perdía su color: las rosas rojas del jardín, se tiñeron de amarillo; la alacena, donde antes había comida para un pelotón, estaba vacía; los ratones y las alimañas hicieron sus maletas y me dejaron sola.
Las deudas aumentaron y en su trabajo la despidieron por romper el récord en faltas. Mamá, pasaba cada vez más tiempo encerrada de su habitación. En ocasiones, se podía escuchar que hablaba sola entre sollozos. Hoy, el día parecía ir a un ritmo lento, como si predijera lo que iba a suceder. Al medio día, salí a jugar con mis vecinos, aproximadamente 20min. Me sorprendí al regresar porque todas las cosas estaban fuera de su lugar, todas, incluso mi mamá.
Te felicito Estela. Es un relato como debe ser: directo, contado para sí mismo. En un instante queda reflejada toda la oscuridad que puede traer consigo un duelo que no es asimilado de manera adecuada. Puede destruir más de una vida si no sabemos cómo manejar el dolor. Es un excelente relato. Saludos.
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