Por Carolina
- ¡Yo lo había dejado aquí! Estoy segura… - ese pequeño aro que era promesa de la eternidad de nuestra unión y que relucía como la ilusión que habías sembrado en mis ojos. Lo había puesto como cada noche en esa pequeña caja de madera sobre el tocador, que más que resguardar alhajas, conservaba historias que habían pasado de generación en generación.
Cómo si alguien lo hubiese tomado a propósito, justo hoy que me voy a este largo viaje, a comenzar este proyecto de reedificarme de entre las cenizas en que me dejaste, para pasar a esta nueva alborada. Pareciera que es una señal divina de que debo sacarte por completo de mi vida; esa ausencia termina de desdibujar nuestra alianza matrimonial.
Pero aún me aferro a llevarlo como recuerdo de nuestros días de amor, esos que se extinguieron en las madrugadas de tedio. Busqué por todos lados, se había esfumado… como ese juramento de fidelidad que habías quebrado. Tal vez debía ya de terminar de empacar y dejar de rebuscar entre los cajones de la casa y de la memoria eso que ya no es, ni será.
Carolina, tiene un don maravilloso para escribir relatos con un toque poético. Tu escrito es una alegoría que nos recuerda que en ocasiones debemos cerrar etapas para avanzar en nuestras vidas. A veces solo esperamos la señal; aquella que nos muestre como viajar sin tanto peso por caminos que aún son desconocidos para nosotros. Saludos.
ResponderBorrar!Muchas gracias, Francisco!
ResponderBorrarSaludos.