Por Ofelia
Días antes del cumpleaños de Martín, comenzó a sentirse mal. Los síntomas: diarrea, pérdida de peso involuntaria y fiebre, en menos de una semana eran sorprendentes. Aunque no quería acudir al médico, le agendé una cita médica para hacerse unos estudios. Pero al llegar a la consulta, era la primera vez, después de 20 años de matrimonio, que no me permitió la entrada al consultorio. Se me hizo muy extraño. Por mi mente pasaba lo peor.
Efectivamente: quedó hospitalizado. Lo único que me comentó el doctor, era que tenía una fuerte infección. Martín estaba muy triste. Deprimido, no quería que nadie lo visitara. Estaba al pendiente de él. Y estando en el pasillo, escuché al médico que estaba entregado turno, el diagnóstico de mi esposo.
Salí corriendo del hospital. Mi vida se hizo pedazos. Pues lo más probable es que yo estuviera contagiada.
Expresas de una manera sumamente realista la amargura que se experimenta al recibir una noticia como el hecho de padecer una enfermedad, en este caso el VIH sida. Sin duda la vida de una persona en tales circunstancias se cae a pedazos desde la primera impresión. Es una trágica anécdota ficticia que se presenta todos los días en todo el mundo. Realizaste un gran relato. Saludos.
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