16 diciembre, 2020

Nostalgia fantasmal

 

Por Juan Francisco

Carmen ha muerto. Ella lo sabe muy bien. Ya no siente el suelo en sus pies. Es casi como si flotara. Sus manos ya no son capaces de sostener los objetos. Nadie puede verla. Es un ser que ha dejado de existir físicamente, pero que vaga por la tierra de los vivos sin deseos de trascender al mundo donde van las almas.

–Carmen, debes venir conmigo –le dice una luz como la que irradia el sol–. Es tiempo que de tu alma descanse en los jardines eternos.

Empero, Carmen sigue su andar flotante por una calle repleta de caminantes que no pueden verla. Le gusta perderse entre la marea de cabezas y cuerpos que vagan por la tierra de los proletarios mortales.

–Te estoy hablando Carmen –repite la voz con un tono más fuerte–. Es una orden celestial.

Pero Carmen sigue su camino.

Un par de cuadras más adelante encuentra una tienda donde venden mascotas. Prueba suerte. Se acerca hasta una jaula en la que hay dos pequeños gatos atigrados. Coloca su fantasmal rostro a un costado de la jaula y lleva su mano traslucida hasta los pequeños barrotes. Los ojos de los pequeños felinos siguen el movimiento de su mano. Uno de ellos lanza un manotazo felino al aire como queriendo rozar aquellos dedos invisibles. Los gatitos juegan en el aire con algo que nadie más puede advertir, con excepción de un par de perros que miran la escena con atención. Carmen sonríe. Está feliz porque alguien, en este mundo de ciegos, puede verla. El juego con los pequeños felinos le devuelve un poco de vida a su ser fantasmal.

– ¡Con un demonio! –espeta la voz de los cielos, tras de Carmen–. ¡Vámonos! Tengo miles de almas más que visitar. Me estás haciendo perder el tiempo.

Impasible, intenta acariciar las cabezas de los gatos; les agradece en silencio. Vuelve a la calle y sigue su andar solitario. Está vez irá al cine. Hoy estrenan una película de terror que pinta bastante bien.

–Carmen, te estoy hablando –gruñe la luz celestial que ha venido por ella–. No te hagas como que la virgen te habla. No juegues conmigo. No me iré hasta que vengas conmigo.

El sol comienza a ocultarse y en la mente de la fantasmal Carmen, solo existe una voz: la suya. Una voz que le taladra la ficticia mente con un pensamiento atronador. Un pensamiento que se vuelca en un sentir. Un sentir cargado de melancolía. Carmen se dice para sí misma, mientras deja escapar un suspiro: Extraño mi vida. 





2 comentarios:

  1. No veo quien lo escribió pero me. Gusto mucho la negativa a dejar este mundo regular mente ocurre que no se dan cuenta de que han muerto pero hay otros que no se quieren ir y por lo tanto siguen aquí. Aun que tiene una que otra palabra que no se que era. Pero aún así está muy bien.

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    1. Gracias por tus comentarios y observaciones. Me ayudan a mejorar en mis relatos. Considero muy valiosas tus palabras. :)

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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.