21 diciembre, 2020

¡Pero lo que más me choca!


Anónimo

 Cada año lo mismo. ¡Cada vez, creo que es peor! Pero por que Dios, ¿por qué tanta hipocresía? Ahora resulta que todos son buenos vecinos  y buenas personas. Como si con hacer un convivio  de navidad en el edificio, ¡los fuera a expiar de todos sus pecados!

¡Pecadores!, ¡Hipócritas!. ¡Eso son todos aquí! Cómo si su despliegue de banalidad, sonrisas falsas y besos de judas los expiaran de la culpa. Las felicitaciones de doña Magda ,o mejor dicho: ¡doña gárgola!, le sirvieran de algo a alguien. ¡Como si eso le regresará el marido a Mercedes! Como si el abrazo entre Juan y Saúl borrara la traición consumada con la esposa del otro.

¡Como si los regalos de Salazar,   con el precio adjunto, no fuera moneda de cambio al soborno con los demás vecinos! 

Y ni hablar de sus estúpidas posadas.¡ Así deberían de estar unidos y al pendiente con cosas importante como cuando asaltaron a Gertrudis, o como cuando encañonaron a Manuel en la salida del edificio!

¡Hay, Dios! ¡Quítame a estos Pecadores! Y si quieren expiar, ¡que se  que se comporten como gente de bien!  

¡Por favor, Dios!


1 comentario:

  1. Hola Gabriela, me encanto tu relato. Es una antítesis perfecta para la ocasión. Clara contraposición de la creencia popular navideña. A partir de una personalidad resentida y fatalista lograste mostrar el otro lado de las festividades decembrinas. Saludos.

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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.