Por Ofelia
II
En cierta ocasión, recuerdo perfectamente: era un sábado en la noche, prácticamente la familia se
encontraba trabajando, por lo que no se dieron cuenta de que nos salimos a jugar al terreno baldío de
enfrente mis primos: Cristina, Carlos, Miguel y yo.
En el terreno había materiales para construir: tabiques, arena y grava. A mi primo se le ocurrió hacer una
casa con los tabiques. Hicimos una cama, una mesa, sillas… Recuerdo que hacía mucho frío, por lo que
Miguel dijo: -hagamos una fogata.
Entramos a la casa, subimos a la azotea donde almacenaban conos de huevo y comenzamos a aventarlos
para posteriormente, acarrearlos al terreno baldío. Pasamos a la cocina por los cerillos y bajamos
corriendo. Llegando al terreno comenzamos a acomodar los cartones en una zanja, los prendimos y
comenzaron a quemarse. Como eran demasiados, comenzó a hacerse enorme la fogata. Le dieron aviso a
mi tío, quien salió corriendo con unos botes de agua y apagó el fuego. Y a nosotros, nos metió a la casa de
las orejas.
En otra ocasión, como todo niño viendo que travesura hacer, se nos ocurrió la grandiosa idea de hacer un
carro con huacales de madera que almacenaban en la azotea. Eran demasiados, por lo que nos quedó un
carro enorme, ¡altísimo! Recorrimos varios lugares: en nuestro último viaje íbamos llegando a Acapulco,
cuando de repente llegó un fuerte aire. Nuestro carro quedó destruido. Las cajas volaron a la casa del
vecino. ¡Santa regañiza nos dieron y el trabajo que nos costó acarrear los huacales y acomodarlos de nuevo!
Hola Ofelia. Sin duda la aventuras de un niño son algo maravilloso. Por desgracia, las consecuencias llegan a ser demasiado exageradas. Pero nadie nos quita ese recuerdo tan bonito sobre lo que somos capaces de hacer al usar nuestra imaginación. Se nota que pudiste disfrutar mucho tu infancia.
ResponderBorrarGracias a Dios. Entre buenos y malos recuerdos, mas los buenos, se quedan las experiencias maravillosa infancia
ResponderBorrar