29 abril, 2021

XIII / El segundo año

 Por Julio César

XIII

JEFE DE GRUPO VERSIÓN 2.0

A los 14 años, en los primeros días del 2º grado, cambiaron de jefe de grupo. Como recordarán, su servilleta había sido el jefe de grupo del año pasado, a petición de un maestro. No me llamó la atención el porqué me cambiaron, supongo que porque fui mal líder o jefe. Eso no lo sé porque no estaba presente en esos momentos. Su servilleta respetó la decisión. Antonieta fue la elegida para el puesto de jefa de grupo, la felicité y le mencioné que tenía que llenar en unas hojitas la indisciplina. Las hojas se las pedían al jefe de grupo en servicio social y entre otras cosillas, pero Antonieta me pidió que yo llevara el registro de la indisciplina y no tuve inconvenientes al respecto, ese fue nuestro acuerdo.




ORTOGRAFIA, ¿YO?

En 2º año, por el mes de octubre, la maestra de español le pidió a su servilleta que participara en el concurso de ortografía para sacar al alumno que competiría contra escuelas técnicas. Se lo pidieron a su servilleta porque tenía una buena ortografía.

Me presentaron a una chica llamada May, con quién también participaría. Éramos los únicos de la tarde. Me presenté en el día y hora del evento, pero ella no fue. Le comenté a la maestra que no la había visto en el evento y la maestra me dijo que May no había podido llegar por cuestiones ajenas a ella, pero que sí hizo la prueba 2 horas después.

May fue a participar contra las otras secundarias técnicas del 2º año. Su servilleta preguntó porque había sido seleccionada ella para participar, la maestra le comentó a su servilleta que ambos habíamos quedado empatados en el 1er lugar. May había sido escogida por tener mejor letra. Pero a pesar de que su servilleta tenía mala letra, se entendía lo que escribía y sin faltas de ortografía. No sé en qué lugar habrá quedado May contra las otras secundarias, pero fue bueno que ella fuera. La última vez que la vi, fue hace 4 años acompañada de un niño de 4 años aproximadamente.




ESCOLTA

Ya para el mes de enero, un maestro de civismo fue a preguntar al salón quiénes tenían las calificaciones más altas del salón. Su servidor era el único chavo porque las demás eran mis compañeras. El motivo de la pregunta era para que se formara la escolta con los mejores promedios. Su servilleta no dijo nada porque no me llamó la atención, no quería porque me daba pena ser el único chamacón a lado de tantas chavas. Hubiera aprovechado el viaje para conocer a más gente.

Al año siguiente, estaban formando la escolta de chavos y su servidor estaba elegido con otros para formarla, pero como andaba medio mal en ese tiempo por un desgarre, no seguí en la preselección y me descartaron de la escolta.




ENTRE COMILLAS

Una cosa rara que pasó estando en 2º año fue que por la 3er semana de enero, a la salida de la escuela, un compañero del salón, Eduardo, me dijo que lo esperara tantito. Yo le dije que sí, que no había problema. Eduardo fue hasta donde estaba una chava del salón llamada Olivia y le habló. No me acuerdo como era exactamente Olivia, pero lo que sí recuerdo, es que era una de las chicas más bonitas del salón: color de piel morenita, cabello al hombro; su rostro no lo recuerdo. Y con un lenguaje algo florido, lenguaje opuesto al de su servilleta. Eduardo nos puso de frente y nos preguntó si queríamos salir o sea, ser novios y ese tipo de cosas. La respuesta fue sí. Pero “salir” era entre comillas, porque salíamos nada más dentro del salón y saliendo del mismo, cada quién por su lado. No me llamaba la atención salir con ella. ¡Mucho menos de mano sudada! Además yo era uno de los aplicados de la clase, le prestaba más la atención a los estudios que andar de parejita. Hoy en día, no ha cambiado mucho eso de prestar más atención a otras cosas que considero importantes que andar en pareja. Hace 1 año aproximadamente, un excompañero me comentó que ella está en el otro lado del río y creo que con familia. Me alegra que esté muy bien.

Este relato también es muy bueno.




OSO TAMAÑO MONUMENTAL

Un día, también del segundo año, le tocó a mi grupo hacer los honores a la bandera. A mí me tocó cantar el Himno Nacional enfrente de toda la escuela. Pero no se escuchó mi voz y ¡se escuchó más a pista! Su servilleta no se dio cuenta de eso, me lo comentó después, un compañero del taller. ¡Eso fue un pancho monumental, creo yo! Y ahorita que lo pienso , no me sentí mal por eso. No me volvieron a escoger para cantar el Himno Nacional. Al menos no se me olvido la letra o se la cambié como otros, así que me salvé de hacerlo de nuevo en público. Por eso, mejor lo intento en el cuarto o en la regadera, para no molestar a otros y que los perros no me hagan coro por cantar tan bonito, por tener una voz tan melodiosa como la de un tenor a quién sólo le aplaude mi soledad. ¡Gracias, querido público!

1 comentario:

  1. Hola Julio. Cada uno de esos recuerdos ofrecen más detalles sobre tu paso por la secundaria. Es agradable notar lo bien que asumiste cada uno de esos eventos. A cada desgracia le encuentras algo chusco o positivo. Eso demuestra que eres una persona con la capacidad necesaria para reponerse de las adversidades con una sonrisa.

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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.