29 abril, 2021

III / Cabaña del señor Victor

 Por Estela

III 

Llegamos por la noche. El señor Víctor nos recogió con su camioneta en la iglesia del pueblo. Mi mamá solo tuvo tiempo de pasar por Ana, que salía de la primaria y comprar algo improvisado para hacer sándwiches y una leche de sabor chocolate. El jardín era amplio; los caminos donde pasaba el carro eran bloques rectangulares de concreto. Al entrar se veía una casa enorme: azul con detalles de tabique para contrastar. Un corral de colores con figura de venado y techo de tejas; enfrente una fuente y una base de concreto enmarcándola. Después, una palapa con láminas rojas de plástico en forma de tejado, 4 soportes de acero, una mesa grande azul y su piso de loseta roja; a un costado, un asador azul y atrás de todo esto, una cabaña blanca con techo rojo.

Cuando entramos a la cabaña, estaba vacía. Del lado derecho se encontraba la cocina y el baño; junto a él, una escalera que daba a un tapanco que ocupaba solo media casa. Del lado izquierdo había un salón grande, en la esquina se hallaba una chimenea y un sillón de madera; y casi junto a la puerta de entrada se hallaba un ropero blanco, el cual fue el primero que abrí y me encontré en él cuatro libros y un peluche del perro “Guayo” del Cubo de Donalu. Me gustaba como mi papá lo hacía bailar mientras Ana y yo cantábamos. La primera noche dormimos juntos en el tapanco. A papá no le gustó la sensación y después de ese día, ellos dormirían en un colchón, que por el día se colocaba detrás del sillón y por la noche se tendía en el suelo para hacerse la cama de mis padres.

1 comentario:

  1. Hola Estela. Se nota que esa cabaña te dejó buenos recuerdos. Eres capaz de recordar cada uno de los detalles que la conformaban. Le das una armonía a cada descripción que realmente podemos verla a través de tus palabras.

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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.