Por Estela
V
De todos mis primos, las más cercanas fueron Gabriela y Laura. Nos juntamos porque compartíamos edades. La mayor era Gaby; seguía mi hermana Ana, luego yo y Lau por 4 meses de diferencia, era la más chica. A veces jugábamos a las muñecas, cada una tenía 1 o 2 muñecas y solo había 1 muñeco Ken para todas las Barbies. Ellas ponían un set de pizzería y un carro rosa y nosotras 1 cama y un comedor, ambos de madera; también les confeccionábamos ropas con calcetines rotos o trozos de tela.Otras ocasiones hacíamos casas de campaña con sillas, cobijas y cojines. Otros días veíamos películas rentadas o compradas; también, planeábamos nuestras propias celebraciones sociales. Como la vez que bautizamos a un conejo; mis primas eran las mamás y Ana y yo éramos las madrinas, el acto fue mojar un poco la cabeza al conejo, luego celebramos con agua de sabor y palomitas.
Juntas no le teníamos miedo a nada; creo que por eso, hacer travesuras era muy fácil. La mayor travesura, fue un día que de camino a la tienda nos encontramos con una casa rodante abierta. Por nuestro sentido de investigadoras y curiosas nos adentramos al lugar, lo poco que recuerdo es que por todos lados había jeringas abiertas y ligas que se colocan en el brazo para sacar sangre, el lugar estaba desordenado. En ese entonces y por nuestra inocencia llegamos a la conclusión que era una clínica-casa rodante. Con el tiempo nos dimos cuenta de que corrimos con suerte de que no hubiera alguien. Si no, la historia sería diferente. La casa rodante era habitada por personas drogadictas.
Hola Estela. Vaya sorpresa que te llevaste cuando comprobaste que aquel lugar no era una clínica rodante. De cierta forma, a muy temprana edad, conociste uno de los aspectos más oscuros que tiene la humanidad. Además, es interesante notar hasta donde es capaz de llevarte la imaginación, ese poder que los niños tienen en exceso.
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