Por Estela
VI
A los 7 años entré a la primaria. Una diferente a la que asistía mi hermana y en el horario de la mañana. Mi mamá trató de mover a Ana a la primaria Francisco I Madero, pero como respuesta solo obtuvo un cambio de turno en la misma primaria Leyes de Reforma. Así que la rutina cambió: todos desayunábamos juntos. Al principio apretados en la barra de la cocina; después en un escritorio viejo que usábamos de mesa. Recuerdo que era una carrera silenciosa para ganar el único hueco donde podías estirar tus piernas. A las 7:00a.m salíamos de la casa, caminábamos justo por aproximadamente 8 cuadras; después nos separabamos. Mamá llevaba a Ana a la primaria y mi papá a mí, porque le quedaba de paso para ir a su trabajo. Los primeros 3 años se aseguraba de que entrara a la escuela, después me dejaba 1 cuadra antes, luego 2 y así cada vez más alejado de la escuela. Creo que tenía ganas de que creciera rápido.Mis amigos del Kinder ya no estaban. Los primeros meses estaba sola en el recreo, hasta que en una excursión a la Ciudad de los niños conocí a Karla. Se suponía que iría con mis primas, pero después del segundo juego me perdí. Me senté en los bancos donde estaba una niña de pelo lacio. Esperaba ver si las encontraba y así entrar a la pizzería. Un niño grande, -de la edad de mi prima- dijo : -Oye, ¿eres la hermana de Gaby? Te está buscando. Mientras me hablaba sostenía de la mano a su hermano, que identifique como compañero mío. -“Espérala aquí, voy a decirle”. Y me dejó con su hermanito.
-Me llamo Víctor, ¿y tú? No me acuerdo que contesté, si Estela o María Estela o fui yo la causante que hasta la fecha se siga refiriendo a mí como Blanca Estela.
-¿Y tú? Le preguntó a la otra niña.
- Karla.- Contestó ella. Ese intercambio de palabras nos dio la confianza para seguir entrando a los juegos los 3 juntos. Y también fue un pacto para que Karla y yo fuéramos amigas toda la primaria.
Mamá comenzó a trabajar. El primer año me iba con Gaby y Lau a su casa; ahí llegaba Ana minutos después. Y por la noche pasaba mi mamá por nosotras. En el segundo año de la primaria, mis papás creyeron que Ana era lo bastante grande para tener las llaves de la casa. Entonces caminaba con Víctor y su hermano para encontrar a Ana en el camino, ya que ellos vivían a unas cuadras de nosotras. De camino a casa, 2 niños que eran vecinos de Víctor y compañeros de mi hermana, nos molestaban aventando piedras, empujándonos. Creo que para llamar la atención de mi hermana. Aunque mi amigo y su hermano trataban de defendernos, no se salvaban de patadas, empujones y bufas. Hasta que un día, mi mamá no fue a trabajar, por lo que fue por nosotras. Primero pasó por mí y esperamos a Ana. En cuanto vimos a esos 2 niños, todos nosotros le hicimos saber a mi mamá que nos molestaban en múltiples ocasiones. Recuerdo muy bien ese momento: no vi la cara de mi mamá, pero quizás tenía el ceño fruncido y sus ojos amenazantes. Se dirigió a ellos diciendo: -¿Ustedes están molestando a mis hijas y a sus amigos? El más cobarde huyó y el otro tartamudeando decía que no. -Si mis hijas me vuelven a decir que las siguen molestando, voy a hablar con sus mamás. Desde ese día podíamos caminar en paz.
Hola Estela. Es un buen relato. Expresas la incertidumbre que se presentó con tantos cambios relacionados con horarios y escuelas, también con la convivencia con otros chicos y chicas. Todos esos eventos van dejando una huella en nosotros. Es admirable la facilidad con la que logras recordar cada uno de esos detalles.
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