Por Estela
VII
Mi hermana cada vez dejaba de jugar más conmigo y prefería grabar en un cassette las canciones que pasaban en la radio; ya no le llamaban la atención las muñecas. Fue en ese periodo que sufrí de insomnio por primera vez. Desde bebé (según cuenta mi madre), se me ha dificultado conciliar el sueño. Recuerdo estar recostada en mi cama. Las luces de la casa recién se habían apagado, igual que el ruido. Me invadió una sensación de soledad y le pedí a mi mamá que me leyera un cuento. Ella se negó. Volví a insistir y quien me contestó fue mi padre con una voz molesta: -¡Ya duérmete! Seguida de una sugerencia de mi mamá: -¡Cuenta borreguitos, si no puedes dormir!
Entendí que no vendrían a leerme o contarme un cuento. Me asomé a la cama de mi hermana; ya dormía desde hace mucho tiempo antes. Clavé la mirada al techo. Empecé contando los borregos que saltaban una cerca imaginaria, pero se me olvidaba la continuación y volvía a empezar; sentí como caía en un hoyo que bien pudo ser un túnel vertical. En el transcurso de mi caída se escuchaba una voz diciendo mi nombre: -”Estela, Estela, Estela”. Tenía un timbre dulce y melodioso. Cuando llegaba al fondo, podía ver una silueta en la parte superior viéndome, esa silueta era yo viéndome recostada en mi cama. Me asusté y me tapé con las cobijas y esperé a dormirme.
Nunca se lo conté a mi familia. Pero toda una semana fue lo mismo. Mi mamá me prohibió hacer siestas en la tarde, ver el programa de Carlos Trejo, y me puso un horario para dormir antes de las 21;00 hrs.
Hola Estela. Tu recuerdo me hizo recordar algunos que tuve (todavía tengo) cuando me encuentro enfermo. Esa sensación de pánico nocturno donde todo asume formas y dimensiones ominosas.
ResponderBorrarEs una verdadera tristeza que tus padres no hayan atendido tu solicitud de leerte un libro. No exista algo mejor para tranquilizar a alguien que una buena lectura, una muestra de afecto y una cálida compañía.