Por Estela
XI
Recuerdo que el primer día pedí ayuda para ponerme la falda ya que era un trozo de tela larga que se sujetaba con 2 botones en la cintura y un seguro grande para que no se abriera, que con el tiempo perdí. Me entusiasmaba que fuera parte del "grupo A". Todos los lunes se realizaban los honores a la bandera. Las primeras veces que entonamos el himno del Estado de México, yo aplicaba la técnica de mover la boca sin emitir ningún sonido.
Ya había hecho amistades cuando la maldición del "grupo B" fue por mí y me arrastró consigo. No me interesaba hacer amigos en mi nuevo grupo, además todas las niñas me daban la impresión de ser superficiales. Y yo ya tenía a mis amigos: Lupita, Vanessa y Rosendo, con quienes me juntaba en el receso. Un día Vanessa me presentó a Marcos, quien según ella, tenía muchas ganas de conocerme.
Marcos era un chico de 3° año: alto, de tez blanca, ojos claros. No era muy guapo pero era simpático y muy ocurrente. Hablamos en el receso y en la salida. En él vi otro pretexto para no llegar a tiempo a la casa. Así que decidí acompañarlo mientras esperaba su camión. Luego descubrí que si caminábamos me tomaría más tiempo. Un camino que comúnmente se recorre en 15 minutos, a nosotros nos tomaba 30 o más.
Era normal que mientras caminábamos nos encontráramos a algunos maestros o a la director. De vez en cuando le llamaban la atención por ser ya tarde y aún no irse a su casa. Después de unos meses, me pidió que fuera su novia. Yo acepté, pero entonces se sintió con el derecho de querer cambiarme mi esencia diciendo que me arreglará más o que cuidara de no ensuciarme con comida o lodo y que recogiera todo mi cabello en una coleta. Yo me rehusaba. Incluso una tarde que fuimos al cine, él llegó con camisa y jeans y yo me fui en pijama. Creo que para hacerlo enojar.
Pero lo que hizo desilusionarme de él, fue el día que se refirió a mi padre como alguien sucio. En ese momento terminamos y no quise saber más de él. A menudo me mandaba mensajes con Vanessa, pero nunca recibió contestación y le hizo creer a todos que yo era la mala de la historia, haciendo que Vanessa se alejara de mi o yo de ella.
El mudarnos nuevamente de casa me hizo bien: así no me lo encontraría en el camino o en la casa de mi tía Lourdes.
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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.