Por Juan Francisco
XVII
Una mañana abrí mis pesados ojos y me di cuenta de que ya no estabas conmigo. Habían pasado cuatro meses desde que terminó nuestra relación. Tú diste el primer e inseguro paso; yo el segundo y funesto paso decisivo.
Aquel día iría al servicio social (había entrado a la misma área de aquellos tiempos con Moe). Solo que no sabía si al salir iría al billar, a tomar o a la Marquesa. Quizás la última opción, que al final era lo mismo que tomar.
La pandilla había crecido. Ahora no solo eran los Arenas Boys, también estaban los Chingones, La Hermandad y Los Fresas. En todos esos círculos me moví sin ser parte de ellos totalmente. Con los Chingones visité los Dinamos. La Hermandad me llevó a los kioscos. Los Fresas me invitaron a varias fiestas. En todas esas situaciones terminaba de la misma manera: embriagado e inconsciente.
Comencé a beber alcohol todos los días de la semana. No asistía a clases. Jugaba al billar hasta tres veces a lo largo del día. Gastaba lo que me quedaba en cigarros. Yo era asmático y todavía lo soy. Deseaba morir lo más pronto posible. Mi vida me importaba un carajo desde que te mandé esos últimos mensajes de rendición. Para mí, la guerra terminó el día de la celebración de los quince años de tu prima. Aquel día que me presentaste a toda tu familia, ese momento en que todos me miraron y juzgaron tan severamente. Esa noche en que lloré a medias bajo una luna que me dio la espalda.
La guerra concluyó antes de que te rindieras. Éramos tú y yo contra ellos y contra todos. Sin embargo, dejaste caer las armas y te entregaste al enemigo. El armisticio conllevaba el hecho de terminar conmigo. No querías hacerlo, al menos no esa noche. Solo atinaste a decir: no eres tú, soy yo. Maga, realmente eras tú y también yo. Éramos los dos. Me dijiste que no me querías como yo te quería. Maga, yo no te quería tanto como pensabas. Aún así, con todas aquellas heridas de mil batallas, no me rendí de inmediato. Me dije que aún quedaba un poco de esperanza. Ellos habían ganado la guerra pero no me habían derrotado por completo.
Hasta que tú me dijiste que pronto harías lo que no querías pero que era necesario, no lo había entendido del todo. Te mentiste Maga y me hiciste creer que ibas a luchar. Maga, ¿por qué no me dijiste desde un inicio que ya no querías estar conmigo? ¿Por qué dejaste que fuera yo el que le diera gusto al enemigo? No solo me rendí, también les demostré que la guerra me había quitado todo, hasta el cariño que sentía por ti.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
LPT: Cruzando la frontera de la ficción.