Por Juan Francisco
XXII
Tras de mí dejé una carrera no deseada como contador; un intento fallido por estudiar Derecho en la UNAM y una frustración lacerante por no ingresar a la licenciatura en Psicología en el IPN. Un fracaso y después otro. Me decidí a esperar un año para volver a entrar a la UNAM, a la carrera de Psicología. Mientras tanto, hice todo lo posible para entrar a trabajar en el INEGI. Casi lo logré. Un documento faltante relacionado con el SAT me negó esa oportunidad. Meses después entré a la SEP para participar en la aplicación de las pruebas ENLACE.
Cuando terminé con esos meses de trabajo, me llevé una buena suma de dinero que me animó a comprar ropa en la Lagunilla. Ese empleo también me permitió conocer un poco más de cerca las prácticas oscuras y desagradables de la burocracia y de las instituciones de gobierno.
Mi labor en el proyecto ENLACE era la aplicación de la prueba para evaluar a los profesores y estudiantes de nivel básico. En las primarias y secundarias no hubo mayor problema. La aplicación aconteció sin mayores complicaciones. Sin embargo, en la aplicación a profesores de primaria y secundaria las cosas fueron distintas. Le apliqué la prueba a más de cincuenta profesores. Lo curioso del asunto fue que a los profesores les pasaron las respuestas de las pruebas un día antes. Por lo que la prueba carecía de importancia y veracidad. Eso me lo contó una de las profesoras.
Esa primera experiencia me desconcertó bastante, pero años después, cuando entré a trabajar a otras instituciones de gobierno, me di cuenta de que aquello no era nada en comparación a los cánceres de corrupción, nepotismo y acoso laboral.
Así fue como pasó un año. Trabajé por primera vez y a la par estudié lo más posible para hacer mi examen de ingreso a la UNAM.
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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.