19 agosto, 2021

Autobiografía XXIII / Elizabeth o la flor alcanzable II

 Por Juan Francisco

XXIII

Los caminantes entraban y salían bajo un sol que calentaba ligeramente. Elizabeth y yo habíamos terminado de comer. Al final le dije que me gustaba y que sentía algo muy bonito por ella. No obstante, yo tenía pareja y estaba obligado a respetar aquella relación. Le pedí que me disculpara por fijarme en ella de una manera que no correspondía con la relación que manteníamos hasta ese momento. También le dije que me atraía su forma de ser. Antes esto sonrió con incredulidad. Le agradecí por darme la oportunidad de hablar con ella. Y le pedí que no rompiéramos con nuestro compañerismo y amistad.

Ella no dijo nada por unos minutos. Me dio las gracias por haber sido sincero con ella. También me aseguró que no pasaba nada, que todo estaba bien. Seguiríamos siendo amigos y buenos compañeros.

Caminamos en dirección al metro. Esa vez no la acompañé a Indios Verdes. Tenía que ir a CU a ver a Brisa. Nos despedimos. Antes de marcharme le pedí un favor: que me permitiera darle un abrazo. Ella aceptó. La abracé. Con ese acto se selló un pacto de silencio entre ambos. Yo estaba libre de aquel sentimiento. Seguimos siendo buenos amigos hasta el final de la carrera.

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