Por Rosario
XIX
A la par de mis cambios laborales fueron pasando un semestre tras otro. En ese camino me encontré con una chica que conocí en primer semestre, una que era de lo más sociable y muy alegre. Me hablaba cada vez que me veía y yo sentía que lo hacía con muchas ganas. Intercambiamos números, eventualmente nos mensajeamos y cada vez nos hicimos más cercanas, hasta el momento en que compartimos clases juntas y grupos de amigos. Ella sigue siendo hasta el día de hoy una de mis mejores amigas, una gran compañera de vida y una hermana por elección, Nievat es su nombre.
Durante mi estancia en la Universidad tuve diferentes trabajos. Después de la notaría pasé un tiempo sin empleo, así que decidí hacer el servicio social. Buscaba un lugar en donde pudiera aprender, así que una compañera de clases me recomendó el bufete jurídico de la escuela. Me explicó que allí podías aprender desde cero; era litigio en materia familiar, pero no había paga. Así que hice todos los trámites necesarios y en poco tiempo entré. Me gustaba mucho, aprendí bastante, pero necesitaba empleo. Fue así que llegué a Bariloche. Era un restaurante con servicio los fines de semana en un bazar de comida en la colonia Roma; la mayoría del personal éramos estudiantes, unos meseros, otros cocineros y los más nuevos, ayudantes. Teníamos horario de entrada, pero no de salida; los ayudantes y cocineros tenían un sueldo, pero los meseros no. Ellos solo ganaban propinas, que no eran malas, pero había que dividirlas entre cocineros y ayudantes.
En ese lugar entendí que no era la única con sueños difíciles de lograr, que en el mundo existía mucha gente como yo: con ganas de hacer todo para salir adelante o con problemas todavía más grandes que los míos. Al mismo tiempo y sin saberlo, descubrí otros significados de la amistad, el compañerismo y el trabajo en equipo. Allí conocí grandes amigos y personas de toda clase, con muchos conocimientos y habilidades en todas las áreas.
Llegó un momento en el que la combinación de la escuela, el trabajo entre semana y el de los fines de semana, más las fiestas, me agotaron. Comencé a tener problemas en todas partes, así que dejé Bariloche una vez concluido el servicio social y ya con otro trabajo, ahora como pasante.
No recuerdo con claridad los siguientes empleos, pero hubo variedad: litigio en materia civil, familiar, administrativo y otros más. Sin darme cuenta, los siguientes semestres pasaron rápidamente. Me acercaba cada vez más a la meta y definitivamente renunciar, ya no era una opción
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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.