Por Estela
XXIII
El último año de la preparatoria era el momento de decidir la licenciatura. Aunque esta pregunta era muy frecuente en la escuela, con mis padres y demás familiares, siempre daba una respuesta distinta a la anterior, aún no tenía claro en qué era buena. La maestra de orientación nos aplicó un test vocacional y el resultado obtenido fue ciencias sociales y humanidades. En ese momento despertó mi interés la psicología. Cuando se lo platiqué me dijo con voz de desagrado:
–No Estela, psicología no es para ti. Con tus calificaciones podrías buscar una ingeniería… No sé, en petroquímica y meterte en la refinería-. Sus palabras me confundieron aún más.
Salí de la preparatoria sin saber bien cuál era mi vocación. No tuvimos ceremonia como los grupos "normales", solo unas palabras que el director nos dedicó a la minoría del grupo. Creo que ese discurso donde el mensaje principal era que todas las personas somos vendedores de un servicio o de nuestro conocimiento, creo que iba dirigido a mí porque está situación de ser vendedora y estudiar en una escuela privada era muy llamativa para las burlas de mis compañeros.
En diciembre empaqué todo y me fui al Ajusco, aunque tuve que regresar a Tula solo a recoger mi certificado y demás papeles. Mi mamá, mi hermana y mi papá vivían en una casa que, alguna vez de pequeñas, habitamos en la casa de la señora Sara.
Cuando llegué a aquel lugar, era diferente al que recordaba. Desde la entrada había cambiado: era una puerta de madera, no la de lámina de hace 10 años; ahora habitaban en un cuarto diferente al que vivimos. Era el último de los 3 cuartos, estrecho en la zona de la puerta y amplio en la zona de las dos camas; el techo de láminas, un solo baño, el mismo de hace años.
Ana y yo nos inscribimos y asistimos a los exámenes de admisión a las universidades en la UNAM y la UAM; ella en la licenciatura de arquitectura y yo en psicología. En el recorrido que nos dieron en la UAM-Xochimilco me enamoré de manera platónica de sus edificios y su metodología. Me ilusionaba asistir ahí, pero esta burbuja estalló el día que publicaron los resultados y Ana fue admitida, pero yo no. Decidí buscar un trabajo en lo que organizaba mis ideas, porque creí que quizás era un mensaje de que psicología no era para mí.
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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.