Anécdota no. 5
Hace un “titi”, trabajé por la colonia Del Valle. En aquel entonces, era una muchacha delgada, y linda. En la empresa en la que trabajaba conocí a un tipo que se mostraba amigable y serio conmigo. A decir verdad, no recuerdo bien a bien de qué manera yo me hice su novia, o de qué “malévolas” estrategias se valió para que yo le hiciera caso, en realidad, no lo recuerdo.
No transcurrió mucho tiempo, para que me diera cuenta de la clase de “bicho” que era. Sin embargo, yo continúe con él, quizás pensando en que su actitud era por las circunstancias del trabajo.
Así pasó el tiempo, y en una ocasión algunos compañeros hicieron la invitación general a que los acompañáramos a un encuentro de futbol que concertaron con el equipo de otra empresa. De éste modo, fue como el chavo que era mi “novio”, me pidió que fuera con él.
Entonces un mal día (porque fue un mal día para mí), acudimos al encuentro de futbol -que tampoco recuerdo dónde se efectuó-, pero al cual acudieron varias compañeras y compañeros. Y, cuando finalizó el partido, este chavo estaba furioso pues, además de que el equipo conformado por él y los demás compañeros, perdió, él había tenido muchos “choques y encontronazos” con otro compañero al que no podía ver “ni en pintura”.
De ese modo, mi mal día se iba perfilando rumbo al caos, ya que en cuanto salió de la cancha, me dijo con enojo que me apresurara y que nos íbamos pronto.
Casi inmediatamente, subimos a un camión y para mi desgracia detrás de nosotros subió el otro compañera con el cual tenía rencillas.
Ambos se enfrascaron en una discusión, en la cual yo perdí mi amado llavero que tenía un pequeño oso gris.
Y, por si fuera poco, resultó que sufrí una andanada de insultos de toda índole por parte de estos “sujetos”, ya que este iba acompañado de su gran amigo, y mi supuesto novio nunca intervino para defenderme.
Lamentablemente, yo, todavía dejé pasar más tiempo antes de alejarme de este tipo tan egoísta, individualista, indolente, y agresivo que no me dejó nada bueno, ni algo que valiera la pena el recordarlo ni por un segundo.
Lucina.
Hola Lucina. Tu anécdota es una muestra de las malas -aunque no sean tales- decisiones que tomamos a lo largo de nuestras vidas. Mejor dicho, se trata de decisiones que nos ayudan a encontrar nuestro camino; vivencias que nos van formando cada día de nuestras vidas. Sin ellas, no aprenderíamos a vivir. Saludos.
ResponderBorrar