09 diciembre, 2021

Autobiografía / Tiempo de amar

 Por Rosario

XXV

Como ya he mencionado antes, creo que a veces el destino o la vida nos reúnen con las personas adecuadas en los momentos más precisos, justo creo que eso pasó cuando conocí a Israel. Él era un amigo ingeniero de Nallely Elizabeth. Se conocieron cuando trabajaban juntos en la empresa donde ella prestaba sus servicios como auxiliar jurídico y a la que gracias a su recomendación logré incorporarme fácilmente.

Desde que estábamos en la facultad ella me contó de su amigo Israel: que era buena onda, le gustaba la fiesta y el baile. De hecho lo invitó a varias de las fiestas de generación, pero por una u otra cosa, él jamás apareció. Tuvimos oportunidad de conocernos gracias a que él consiguió un número de teléfono para mí y a cambio quedé de invitarle una “chela”. En todo esto Nallely Elizabeth fue la intermediaria y por consiguiente, el día del pago ella también asistió.

No hay mucho qué decir de él, excepto que si bien no era el tipo más guapo, lo cierto es que su personalidad me gustó; era un chico muy agradable y listo, con humor negro, buena conversación y cultura general. No estaba segura del destino que las cosas tomarían, pero me había flechado. Así que hice lo que estuvo en mis manos para llamar su atención y darle las señales de mi interés. Por fortuna, él reaccionó favorablemente. En esos meses Nallely nos invitó a varias fiestas y salidas, yo siempre sugería que invitara a Israel para tener con quién bailar y él también pedía que me invitaran a mí (jajajaja). Así que un día ella nos dijo a los dos que nos dejáramos de cosas y le dijéramos al otro que nos gustaba.

Alguna vez, no recuerdo muy bien cómo pasó, pero fuimos al cine solos por primera vez sin chaperón. Vimos una película de comedia. Estuvo divertida a más no poder. De regreso pasamos a un museo y charlamos de un montón de cosas, en ese momento descubrí que teníamos afinidad e intereses mutuos.

El siguiente paso fue hacernos novios. Las cosas fluyeron con mucha normalidad y de una manera linda; empecé a conocer a sus amigos y con la mayoría pude integrarme muy bien. También él conoció a mis amigas. Pasé de compartir mis días y espacios libres con Cris, Irma y mis sobrinos, a estar con él en un montón de lugares.

Además, sin saber muy bien cómo hacerlo, con nervios y miedo de lo que pudiera ocurrir en el futuro, nos tocó trabajar juntos, porque recordemos que él trabajaba en la misma empresa que Nallely Elizabeth y eso me llevó a trabajar también con él. Fue la típica relación de trabajo y el peor secreto guardado, no faltó el compañero que nos vio o que nos encontramos en el transporte público. Aún así compartir amistades y reuniones de trabajo también era lindo.

En ese trabajo fui muy feliz: mi jefe era un amor. Para empezar, me prestó dinero sin conocerme y gracias a eso pude titularme de manera rápida. También fueron siempre pacientes (él y la abogada que llevaba la cartera de Ciudad de México), cuando tuve errores o bien cuando me enseñaban cosas. Además de todo eso, podía manejar a mi manera mis horarios y tiempos de trabajo. Realmente me pedían más que nada, resultados, no importaba el tiempo dedicado a los asuntos, sino que los objetivos se cumplieran en tiempo y forma.

Por otro lado, mi jefa en la empresa también era muy relajada, no tenía mucho tema con los horarios, me dejaba hacer tarea en el trabajo cuando tenía cosas que entregar en el diplomado de titulación. Los viernes que no iba a juzgados, podía llegar a las diez a la oficina. También me trató siempre muy bien: me dio algunos regalos de navidad, catorce de febrero y de cumpleaños. Era celosa con su trabajo, pero me explicaba las cosas con detalle, sólo que la paciencia no era su fuerte.

Volviendo a la relación con Israel, llevábamos como seis meses juntos, cuando vino por primera vez a mi mente la idea de vivir juntos, sentía ese anhelo por pasar cada vez más tiempo juntos, no me era suficiente las cenas después del trabajo o las salidas de fines de semana. Pero al mismo tiempo ese pensamiento me asustó mucho, vi de cerca cómo había sido salir de casa para mis hermanas y no me parecía nada sencillo hacerlo, además llevábamos muy poco tiempo juntos como para pensar en esas cosas, así que decidí olvidar la idea en cuanto pude.

El tiempo siguió su curso, decidimos que era momento de presentar a nuestras familias, así que poco a poco fui conociendo a su familia y él a la mía; en esa parte coincidíamos, porque ninguno había llevado a nadie más de manera formal con su familia. Primero conocí a su hermana Aracelí, ella se dedicaba a poner uñas y desde el primer día me puso unas muy lindas, se portó sumamente amable y siento que hubo buena relación entre nosotras desde el principio. Después conocí a su mamá, Israel organizó una comida en su casa para presentarnos, Ara fingió que no nos conocíamos y que esa era la primera vez que nos veíamos. Me tocó llevar el postre, estaba muy nerviosa, pero todo salió muy bien, su mamá siempre fue un amor conmigo, me adoptó desde el principio.

La última que conocí fue Edith, ella era la hermana mayor, estaba casada con Chucho y su hijo se llama Ikal. También se portó muy bien conmigo, bastante tranquila y contenta por ver feliz a su hermano.

Yo organicé una reunión en casa de Irma para presentarle a mis hermanas, también allí conoció a mis sobrinos. No recuerdo si hubo algún guiso o motivo específico. Lo que tengo muy presente es que Irma y Cris me estuvieron balconeando, contándole las cosas más bochornosas, como “no le gusta cocinar, casi nunca lo hace”, “le gusta mucho descansar, pero cuando se activa hace las cosas a detalle”.

Más tarde, con el pretexto de una boda cerca de mi entonces casa, Israel conoció a papá, Diego y Marce. Fue la ocasión ideal, porque me invitaron a la fiesta y como él vivía lejos, pedí permiso para que se quedara en casa. Como era de esperarse me mandaron a otra habitación, me tocó dormir con mi hermano y le cedí a él mi habitación.

Gracias a Israel pude introducirme en la vida Godínez con gran facilidad, él me mostró todo lo que debía conocer, cómo actuar en la hora de la comida, temas interesantes para fomentar la comunicación o desatar la discusión, de qué manera se organizaban las fiestas después de las celebraciones oficiales de fin de año, qué hacer en los pasteles de cumpleaños en la oficina, qué botanas son adecuadas para evitar dormirse en el trabajo, cuáles hacen menos ruido cuando las muerdes, etc. Sobra decir que disfruté un montón esa etapa.

El tiempo pasó muy rápido, la relación se sentía como pan con mantequilla, cómoda, confortable, un lugar seguro al que podía acudir siempre, llena de amor y de compañía. Así que poco antes de cumplir dos años de novios, decidimos irnos a vivir juntos. Previamente a llevarlo a cabo, platicamos con la señora Esther, la mamá de Israel y con mi papá del tema, ambos dieron su visto bueno y dijeron que estaban conformes con ello, esa platica fue solo para hacerles saber que lo estábamos pensando y que lo queríamos hacer, sin dar una fecha concreta.

La señora Esther casi de inmediato empezó a comprar cosas para nosotros, desde trapos y cubetas, hasta un comedor y el microondas. Mi papá lo tomó a la ligera, como algo que pasaría en un tiempo lejano, pero las cosas no fueron así, en unos meses ya habíamos encontrado un departamento y teníamos un préstamo para la compra de muebles y el pago de renta. Cuando le avisé que me iba de casa en una semana se quedó estupefacto, no entendía porque la premura, preguntó si ya tenía muebles y cosas, a lo que le dije que sí, porque en efecto ya habíamos comprado la mayoría de las cosas indispensables.

Papá creyó que estaba embarazada y por eso todo iba de prisa. El tiempo mostró la realidad de las cosas y creo que un poco a partir de los hechos ocurridos me gané el respeto de él. Fui muy feliz con ese cambio en mi vida, me tocó enfrentarme de primera mano a dejar de vivir en casa propia y lo que ello implicaba, tener que saludar a los vecinos y ser cordial con ellos, también aprender a negociar los usos y costumbres de casa, las actividades domésticas, los gastos y las deudas. Fue una etapa de aprendizaje y descubrimiento continuo, pero de mucha paz y amor también. 

1 comentario:

  1. Hola Rosario. Este capítulo expresa un fragmento de lo que podríamos considerar una novela romántica. De manera concreta expresas y describes el proceso que te llevo a formar una vida en pareja con Israel. Creo que todos pasamos por una etapa así, lo cual es sumamente bello. Quizás, desde mi opinión, es la etapa más hermosa que podemos experimentar en nuestras vida. Saludos.

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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.