09 diciembre, 2021

Autobiografía / Una nueva oportunidad

 Por Juan Francisco

XXVII

Aquella chica con la que comencé una relación una vez que terminé con Brisa, se llama Clara. Es mi pareja en la actualidad. Tenemos casi seis años juntos. Incluso vivimos en el mismo hogar.

Clara, a lo largo de nuestra relación y también antes de ella, me enseñó a valorarme a mí mismo. Gracias a ella me volví un ser ambicioso y obstinado en alcanzar mis metas. Ella me escucha y me apoya en los momentos más difíciles. El más bello recuerdo que tengo de ambos es una vivencia similar a la presentada en la película de Amelie.

Una mañana, cuando fui a verla a un deportivo cerca de su casa, me llevé una extraordinaria sorpresa. Ella no se había presentado a nuestra cita. En su lugar dejó un papel con un pequeño mensaje en él. La frase era una pista que me llevaría a otro lugar.

Esa pista me llevó a un árbol donde habíamos estado antes. Un lugar desde el cual admiramos más de una decena de atardeceres y la danza vespertina de las golondrinas.

La siguiente me llevó a un restaurante de comida china. En ese lugar habíamos pasado bellos momentos entre platos llenos de alimento y salsas exageradamente picantes. El dueño del restaurante me entregó la siguiente pista.

A continuación me dirigí a una dulcería donde me fue entregada la última sorpresa. Se trataba de Clara con un globo y unos chocolates de mis favoritos. La abracé y la besé. Le agradecí por ese cúmulo de bellos y tiernos detalles.

Esa aventura de pistas y misterio ha sido el regalo más valioso que me han dado en la vida. Clara me mostró que se puede ser amado y amar sin caer en el abismo de la dependencia y el sometimiento.

Amar es algo más que compartir tu vida con alguien. Amar a alguien es vivir tu vida, que la otra persona viva su vida, y a la par vivir una vida en conjunto.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

LPT: Cruzando la frontera de la ficción.