09 diciembre, 2021

Autobiografía / Separación

 Por Juan Francisco

XXXVI



El momento cumbre de mi etapa en la universidad fue el final de mi relación con Brisa. Una noche mientras descansaba sobre la hierba de las áreas verdes de los frontones de Ciudad Universitaria, me di cuenta de que no podía seguir así. Por lo que al llegar a casa tomé el teléfono y le marqué a Brisa.

Brisa se encontraba en esos momentos en Monterrey. Realizaba sus estudios allá gracias a un programa de movilidad estudiantil.

Terminar con ella de esa manera y esas circunstancias no era lo mejor (a los ojos de muchos), pero se trataba de algo sumamente necesario. No volvería a tener el valor necesario. Tenía que jugarme todas mis cartas para deshacerme de aquella relación dañina.

Hablé con ella por más de una hora. Ella lloró y yo también. A pesar de todo el mal, no dejaba de doler aquella separación. Era inevitable.

Cuando ella colgó yo me sentí agotado y triste. Empero, antes de dormir me di cuenta del gran paso que había dado. Esa noche dormí como un bebé. A la mañana siguiente me sentí como un ser libre y pleno. Era la primera vez en mi vida que me sentí de aquella manera. Todo me parecía maravilloso. Salí de casa con una sonrisa. Ya no cargaba con peso alguno. Me dejé llevar por el viento. El cielo era un paisaje alcanzable y la felicidad un regalo largamente esperado.

Por supuesto que Brisa me marcó y me buscó en muchas ocasiones. Sin embargo, tuve la fuerza y valor necesarios para no cambiar de opinión como en el pasado. No volvería con ella. Además, había conocido a otra chica. Quería darme una nueva oportunidad con esa chica de sonrisa contagiosa y de bellos hoyuelos.

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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.