11 enero, 2022

Autobiografía XXXIX

 Por Juan Francisco

XXXIX

Después de dos intentos fallidos para titularme, la tercera fue la vencida. El primer intento fue en la modalidad de Profundización de Conocimientos. Tenía que cursar un semestre en la Facultad de Psicología. Lo único que tenía que hacer era obtener 9 en las cinco asignaturas que cursaba. La experiencia fue un fracaso.

Para el segundo intento opté por la tesis. De nueva cuenta las cosas no resultaron bien y terminé desistiendo de esa opción. Finalmente, intenté por medio del Examen General de Conocimientos. Pasé el examen y así logré la obtención de mi título profesional.

Saber que lo había logrado no fue algo que despertara en mí una emoción de alegría o felicidad. Ese título, aquel grado, no representaba nada para mí. No tenía nada que presumir, nada por lo cual sentirme orgulloso. Se trataba de un simple documento que me permitiría acceder a otras ofertas laborales, pero no representaba ni un poco todo el esfuerzo que realicé por esos más de cuatro años. Una profesión es el cúmulo de experiencias, triunfos, éxitos, fracasos y frustraciones; es una vida en sí misma que surge del pasado y se mantiene en el presente como parte de uno mismo hasta el final de los nuestros días. No es un papel, no un conjunto de palabras en letra manuscrita; menos aún una foto de vestimenta formal. Tampoco es un licenciado, maestro o doctor. La profesión es un compromiso de cambio con el entorno y las personas que son parte de nuestra vida cotidiana.

Así las cosas, terminé convirtiéndome en un licenciado cuando en la práctica ya lo era. El mundo laboral y la incertidumbre aguardaban mi llegada.

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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.